Barrio

Susurros a bocajarro

 

 

Nada bueno encuentro ya en el café con poso y las pastas fritas del horno de mi esquina.
No volveré.
No me hace bien esa estridencia en el saludo de la panadera
de las vecinas
quejosas chirriantes calumniadoras del mundo que ladrillo a ladrillo levantan cada día con sus fregonas
y sus colas en el banco
y sus puertas de colegio rebosadas de abuelas que no han sabido hacerse ancianas.

Me agota y me envilece su fraseo
sube el pan y baja el sueldo
ya no es lo mismo el frío
no aguanto más a este marido
me echa el banco de la casa 
anoche tampoco dormí.

Mañana desayunaré en el centro,
donde la música es suave, las camareras, rusas, silenciosas, sonrientes
y los clientes leen diarios de los serios,
sin mirarse, sin molestia.

Ellos son más interesantes,
más de avanzar, cambiar el mundo,
y yo quiero andar con ellos y cambiarlo.
Solo hablan de cosas importantes: las que hacen, las que harán.
Me son más saludables a la hora
en la que desperezo pesadillas
y acudo a producir
mi tiempo libre para luego.


Collage de Susana Blasco

 


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