Arbotantes y contra-empujes

El martillo pneumático

 

El proyecto arquitectónico define cómo será el edificio que se pretende construir. No se conocen proyectos de arquitectura anteriores al Renacimiento, se encuentran, eso sí, algunas representaciones más o menos parciales con alguna indicación constructiva.

Antes del Renacimiento de Brunelleschi, la distribución de la planta venía determinada por la disposición de los muros y pilares. La estructura iba dictando cómo había de configurarse el espacio interior e incluso imponía el uso del mismo.

El espacio y la composición arquitectónica respondían de una manera directa a la verdad impuesta por el sistema constructivo y por la limitación de la resistencia de los materiales empleados.

Un sistema de empujes, contra-empujes, contrafuertes y arbotantes impuso durante muchos siglos la lógica del diseño arquitectónico. Todo era cuestión de controlar las fuerzas:

1) A todo empuje le contraponemos una masa.

2) Todo lo que empuja por el interior del edificio se contrapesa en el exterior del mismo. Si dentro de la nave hay imágenes de santos y mártires, en el exterior colocamos gárgolas espantosas y monstruos bicéfalos.

3) Contra los empujes de las bóvedas interiores colocamos los arcos arbotantes exteriores.

4) Si las bóvedas de dentro se ornamentan con ángeles y serafines, en los arbotantes exteriores colocaremos demonios y dragones como contrapeso.

Antes del Renacimiento, el trabajo arquitectónico consistía en ir colocando el pedrusco adecuado en el lugar preciso y conseguir con ello una organización espacial que, debido a su monumentalidad, provocara miedo y sometimiento.

Así dispuesto el espacio, en el interior de los templos se produce una catarsis y algún mareo. A esto también contribuye el efecto del incienso y la peste de los cirios encendidos.

El espacio interior de la nave, los sermones desde el púlpito, cuyo eco rebota en las paredes y vitrales, no contribuyen a la reflexión ni a la racionalidad, sino más bien al furor místico o algo así.

De aquellas iglesias me preocupa la reverberación de los sermones y el monolitismo y el grosor de sus muros.

Pasado el tiempo y ya en la arquitectura moderna, me preocupa el furor tecnológico y la ostentación de la que hacen gala las sedes corporativas de las grandes multinacionales.

Celebro, sin embargo, que aquel monolitismo hiciera que unas grandes arquitecturas perduraran y celebro que el furor tecnológico y la ostentación de los edificios corporativos no sea otra cosa que una fragilidad manifiesta.


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