Zapatos 1

Moda al tuntún

 

Afirma el paleontólogo que “primero fue el pie”, quizás por esta razón las pisadas fósiles en las cenizas volcánicas de Lateoli nos fascinan. Entre las pisadas de Lateoli y las pisadas fuertemente herradas de la luna hay un largo camino durante el cual “el zapato venció al pie”.

Si observamos –de forma prudente– los pies de la gente, en las playas, constataremos que la mayoría están deformados. Los dedos gordos, uno al lado del otro, se abren en un ángulo de 45º y el resto se repliegan sobre sí mismos como pequeños martillos o garras. Si sumamos las callosidades, las uñas encarnadas, los juanetes (hallux valgus), etc., no es de extrañar que se tienda a esconderlos en la arena.

Los zapatos son los responsables de tanta fealdad: deberían proteger los pies de las agresiones físicas; aislarlos del calor, del frío y de la humedad; favorecer el contacto con el suelo, la estabilidad y el movimiento; deberían ser ajustados, sin ahogar pero no holgados, para acompañar a los pies y satisfacer el alma, que es lo que uno realmente calza.

Ojear la historia del calzado es un recorrido donde el dejà vu se impone. Asumidos un zapato distinto para cada pie, zapatos distintos para cada sexo, la aparición del tacón, el uso de nuevos materiales y de nuevas formas de cierre, nos movemos entre tres tipos básicos de calzado: las sandalias, los genéricos zapatos y las botas. Combínense tipo, forma, material, cierre, color y podemos escoger cómo ir mal calzados.

A poco que nos fijemos, podemos observar algunas propensiones:

– Una deslocalización del calzado deportivo profesional que afecta a ambos sexos. Dicho calzado, su imitación o sucedáneo, se halla en miles de pies. La esportización de los pies es evidente: pies disfrazados de tenista, golfista, velocista, púgil, conductor de fórmula 1, escalador, etc. Algunas propuestas de calzado deportivo se asemejan, a veces, a una nave espacial o a un coleóptero lisérgico.

– Una “frankensteinización”, es decir, un aumento de las dimensiones del calzado que ancoran los pies en el suelo o que dependiendo del grosor de la suelas, en particular en el zapato femenino, eleva o derriba a las mujeres del podio de la imaginación masculina año tras año. Aunque por ahora nadie ha osado imitar los chapines venecianos.

– Una hibridación que se manifiesta en la fusión de dos o más tipos distintos; algo así como un calzado de púgil, de caña alta o baja, acabado con pico medieval.

– Una banalización y obsolescencia de los zapatos. Duran poco, envejecen mal, se desajustan y deforman, se descosen, manchan y admiten mal la limpieza. Paralelamente, aumenta la adicción a los zapatos y también la museización fetichista de algunos tipos, por ejemplo, los stilettos.

Dado que permanecemos algo más de un 30% de nuestro tiempo erguidos/ levantados deberíamos considerar dónde metemos nuestros pies.


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