Villancico de las querellas de amor y odio navideños

Perplejos en la ciudad

 

El cartero del barrio entra en el bar y nos felicita las fiestas con una doble postal de Navidad hilvanada con un lazo verde, por lo largo del texto de la felicitación, que hay que leer con pausas de coma (el signo ortográfico), explica, mientras recibe como aguinaldo una botella de cava en nombre de todos los clientes, anuncia la dueña del bar. El cartero le da las gracias y se sube a una silla para leernos la felicitación:

Querellas de amor y odio son, me querello, no te querellas, que es Navidad, él se querella menos, que es Año Nuevo, ella se querella más, si eres querellado tú te lo has buscado, si querellas dos veces y eres insistente a por él o ella vas doblemente, hay querellas de amor, querellas políticas, querellas económicas, todas cruentas y de infausta memoria, querellas del no quiero saber nada, querellas del quiero y no quiero saberlo todo, querellas de la duda, el miedo y la escasez, querellas de la lentitud del caracol, querellas rápidas del lince, querellas largas y pesadas del inocente, querellas leves y ausentes del poderoso, querellas oscuras del querellante, querellas de odio y desamor, querellas de muertos amantes, querella de vivos muy vivos, otras querellas menos cruentas, otras más aburridas, y al cabo y al fin querellas de Navidad tenemos, de tono subido, al calor de las interminables sobremesas de copeo, turrón y vida familiar, costosa querella navideña, constante vituperio a plazos anuales y sal de fruta Eno, más allá de las fiestas, las fronteras y las postales del cartero, que les desea una Feliz y Digestiva Navidad y un Próspero Esta Vez Tampoco Año Nuevo.

Menos querellas y más tapas con cerveza, dice la dueña del bar.

Ya lo decía el Marqués de Santillana: Que mi vida es querellar, / cantando según veredes, cita el poeta romántico del barrio.

Para querella, la que le puso una vecina a mi marido, ¡ella, la del piso…, callo, callo…, la lozana querellante!, se sulfura una vecina.

¿Ella, quién era ella, una amante, acaso una moderna celestina?, pregunta otra, riendo, intrigada.
Nadie, una del barrio, una vecina lianta, no me hagan hablar más, responde la primera.

Ah, menos mal, / que no era la novia fugaz / del poeta romántico, canta un turista coreano, socarrón, que hace más de una semana que vive en el barrio.

Por favor, menos bromas coreanas, que uno ya tiene una edad y no está para querellas amorosas.
Menos cachondeo y otra copa de cava, pide un desconocido.

¡Si bailo con querella, / que no sea la más fea!, cantan al final todos a una.

¡Y feliz Navidad! (dentro de lo que cabe), les desea la dueña del bar, que baja la persiana, dice, hasta el 28 de Diciembre, día de los santos inocentes.


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