Valencia en fallas

A veces digo cosas

¿Me oyes? ¿Ahora?

Que te iba a decir que vayas bajando a la calle, que en nada paso a recogerte. Llevaré el coche de Luis, el mío se ha quedado atrapado entre el casal y el monumento infantil. ¿No es un poco pretencioso llamar a eso monumento? A veces pienso que cosas como estas son las que destrozan nuestra escala de valores. No deberíamos permitirlo, se empieza llamando monumento a un montón de porexpan y se acaba admitiendo que el porno-activismo es arte. No hija, no hay manera, ya he llamado a la grúa, al ayuntamiento y hasta a protección civil… por probar, y mira que ya sabes que no creo en los cuerpos de seguridad, que me parecen un innecesario artificio creado por las élites para someter a las masas y doblegar nuestras voluntades, pero es que no puedo sacar el coche. Y nada, no hay manera. Que espere a que pasen las fallas o que hubiera leído las señales. Me dan ganas de poner una reclamación, o llamar a la prensa, pero sé que mi indignación no cuenta… ¡se me tirarían al cuello todos los falleros!

Espera, que el crío dice no sé qué de sus espardenyas. Ay, hija, es que esto de criar… toda la vida pegado a las faldas de su madre, es que no sabe ni buscarse la ropa con 10 años que tiene. Miquel, hijo, no ves que tienes que darle la vuelta, ¡trae, anda trae! Que aún eres capaz de cargarte el chaleco. Pero, pero… ¿tú eres tonto? ¿cómo te vas a llevar las cartas de los pokemon a la ofrenda? Sácalas ahora mismo y que no te vea yo con ellas, ¿o es que quieres que te pillen las cámaras haciendo el imbécil como el año pasado? ¡Te vas a quedar sin tablet hasta los 18! Que una cosa es que seamos ateos y otra muy diferente faltarle al respeto a la Cheperudeta.

Ya. ¡Qué cruz hija, qué cruz! Para que luego digan… ¿la cría? con su padre, que para algo se empeñó él en buscar la parejita. Bueno, con su padre es un decir, que seguro que ha ido donde mi suegra y la ha dejado allí, delante de la tele. Este hombre, de verdad, parece mentira. Claro mujer, si su madre lo trata todavía como si fuera un chiquillo, todo absolutamente todo se lo consiente y luego la mala soy yo. Que mi suegra es muy buena, pero no ha sabido educar a sus hijos y encima se empeña en vestir ella a la niña y ponerle su toquilla y sus aderezos. ¡Como si todavía estuviésemos en los 70!

¿Bajas? Que ya casi salimos. Miquel hijo, venga, que la tía nos está esperando. ¡Miquel! Este crío es tonto, igualico que su padre. ¡Con lo que yo era, Tere! Cómo nos han engañado con lo de la liberación femenina, qué manera de entrar al trapo del patriarcado y creernos con derechos… Todo mentira Tere, ya verás cuando des el sí quiero. Que yo estoy muy contenta de que por fin formalicéis lo vuestro, que ya era hora… no mujer, si da igual que estéis casados o no, si en el fondo es para tapar bocas. Ya sabes lo súper en contra que estoy yo de todo esto, pero creo que deberías haberle hecho caso a mamá y, ya que os casáis, haber buscado un sitio más bonito. Que el restaurante de tu cuñada está genial, pero el rollo ese del mestizaje creo que lo ha llevado un poco al límite.

¡Miquel! ¡Hijo! Vamos ya, ¿qué narices haces? Llegaremos tarde… Este niño, de verdad.

Y aún tengo que pasar por la peluquería, que no me han durado los moños ni una noche. Se empeñan en contratar gente de fuera y no hay manera, que no entienden la idiosincrasia valenciana. Que esto es casi genético, el amor a la fiesta, digo. Sólo nosotros somos capaces de apreciar el valor de una mascletá, el ruido, el bullicio, la horchata y los buñuelos… ya sabes.

La madre que me parió, ¿dónde está el coche? Ay señor, que se lo ha llevado la grúa. Tere, de verdad te lo digo, yo no aguanto más esto. Yo ya no lo aguanto más.


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