Una carta para Pilar

Las cartas boca arriba

 

Querida Pilar:

 

Felicidades, ante todo, por tu santo, que no quiero que pienses que se me ha olvidado, guapa, pero te escribo para comentar lo que pasó el lunes. Que sepas que no se me escapó nada de lo que te dijo la Merche, ni tampoco de lo que le dijiste tú, que se lo tenía bien merecido. Siento que te despachara de la tintorería, aunque tú también te despachaste a gusto y le cantaste las cuarenta. Porque, vamos a ver, ¿cuál es el problema? ¿Que llegaban dos abrigos y nosotras apuntábamos uno y cobrábamos dos? ¡Vaya novedad! Eso es lo que pasa en todas las tintorerías del mundo: cuatro camisas, una para la empleada; tres alfombras, una para ti, otra para mí y otra para la jefa. ¿O es que tenemos que trabajar diez horas al día y los sábados alternos por ochocientos euros de mierda y sin propinas?

En fin, ¿cuánto te dijo que le habías robado?, ¿seis mil euros? Me parece una burrada. Aunque llevaras dos años sisando una falda por aquí y un abrigo por allá, la cosa no da para tanto. Seis mil euros es un millón de las antiguas pesetas, como dicen en la tele. Ahora, si le cogiste el dinero de otro sitio, eso ya no lo sé, pero me gustaría saberlo, más que nada para estar enterada. Fuiste muy atrevida al airear lo de su sobrino y tal, aunque la muy puta no se acobardó. ¡Que le daba igual, que se enterara el barrio, su marido y el obispo, y que estaba hasta el coño de ocultarlo! ¡Valiente fulana! Es público y notorio, como dicen los políticos, que se encierra en el cuarto de atrás con su sobrino para chingar, que se oye muy bien lo que allí pasa. Por cierto, tú que llevas más tiempo en la tintorería, ¿qué sabes de Manolín? ¿Es de verdad su sobrino? La primera semana que lo vi caí en la cuenta, porque mientras yo planchaba unos edredones iba oyendo el chiqui-chiqui de los collares de Manolín y los jadeos de la Merche. Cuando se lo conté a mi novio se puso como una moto, aunque Rafa va siempre motorizado.

Pero volviendo a Manolín, ¿de dónde saca para tanto Cristo colgándole del cuello, que parece una vitrina del museo diocesano? Llega, saluda y, hala, a besar el santo. Que traigo este paquete para mi tía, dice. Entra en la trastienda, se la tira y se va con un sobre o dos, un guiño a las empleadas y hasta la próxima. Al poco rato aparece ella, apestando a Nenuco, alisándose la blusa, y diciéndonos, a ver niñas si espabiláis, que tenemos mucha ropa que planchar. Luego se va con el paquete que le ha traído Manolín y no la vemos hasta al cabo de unos días. Entonces vuelve depilada, repeinada y masajeada, incluso de buen humor, y nos da una propina por las molestias. O sea, que además de vicio, entre la Merche y Manolín hay algo más. Y algo bien sucio.

Cuando el lunes salió encendida de la trastienda y te acusó de haberle robado seis mil euros y tú le plantaste cara, pensé que llegaríais a las manos. Ella te echó a la calle, pero tú también le diste para el viaje. Creo que “mala puta” fue lo más suave que salió de tu boca. A cambio, la jefa te amenazó con la banda del Nazareno. ¡Cuidado con los nazarenos que tienen fama de rajarte en un plis-plas! Así que no pierdas el tiempo: lo primero, ir a sindicatos y denunciar el despido que, para mí, es improcedente; y lo segundo, si es verdad que le robaste lo que ella dice, más vale que pongas tierra por medio y si te he visto no me acuerdo.

En fin, Pilar, felicidades por tu santo y que se te arreglen las cosas. En cuanto tengas ocasión, me dices algo y así me entero. Recibe un fuerte abrazo de tu compañera,

 

Asunción


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