Una carta de Manolín

Las cartas boca arriba

Hola primo:

 

Supongo que ya te habrás enterado por la tita Mercedes que hace días que ando por Pamplona perdido y hecho polvo, sin saber demasiado qué hacer ni para qué, y eso desde que me pillaron con el maletero del BMV cargadito de esto, lo otro y lo de más allá, y tuve que alegar que yo no sabía nada, que sólo estaba haciendo turismo en Melilla y que alguien me había metido las drogas en el coche sin yo saberlo. Y también alegué que a veces se me iba la olla y que no me enteraba del precio de los peines, razón por la cual se presentó mi madre y aprovechó para quedarse con mis ahorros y la parte del piso que me corresponde, y que es mío, y le hizo decir al doctor Cabrujas, su psiquiatra, que yo necesitaba pastillas para la esquizofrenia o para alguna otra cosa de la cabeza porque, según ella, yo no estaba en mis cabales. Y va y viene el cabrón de Cabrujas con un electro que me hizo el año pasado y declara que soy un tipo nervioso (¡vaya novedad!) y que la gente nerviosa suele molestar y hacer daño a sus familiares y amigos, sea queriendo o sin querer. Así que ya estás advertido, Pedrito. De momento me estoy tomando las pastillas de la bipolaridad y unas gotas que me quitan las ganas de zurrarte, pero si es preciso me las puedo dejar de tomar y romperte la cara en una esquina, ¿estamos, gordito?

Comprenderás que la cosa no marcha bien: ya tengo veintiséis años y estoy sin patria potestad, de manera que no me quedan muchas opciones. O me dejo llevar por lo que me apetece y entro en la banda del Nazareno, o me matriculo en la universidad para ser un hombre de provecho. Nervioso, pero de provecho. Puedo estudiar para piloto de avión o para juez, por ejemplo. A mí siempre me ha gustado pilotar aviones y acojonar al personal subiendo y bajando de improviso y gritando por los altavoces: “¡Esto se acaba, señores! ¡Nos estrellamos!”. Aunque también me gustaría trabajar en los juzgados y tratar con delincuentes que te piden por favor que los dejes salir un ratito de la cárcel y tú, en plan borde, diciendo que no, que ni hablar, que se lo hubieran pensado antes. Lo de ser aviador loco o juez justiciero es una chulada, y no como tú, que te pasas el día filmando películas médicas y fotografiando bautizos y comuniones. ¿Se puede saber qué haces? ¿Filmas partos y luego pasas las películas en el bautizo? ¿Repartes la comunión entre las parturientas? Ya me lo aclararás cuando vaya a verte para que me subvenciones, porque estoy sin blanca y, si me apetece, le pego fuego a tu garito.

Sobre lo de la universidad quiero pedirle opinión a la tita Mercedes, a poco que deje que me acerque a ella, porque desde que la policía me fichó por lo del BMV no quiere ni verme, no vaya a ser que la salpique. ¡Ahora se hace la estrecha! ¡Con la de veces que la he salpicado en esta vida y lo mucho que le ha gustado! ¡Que no te puedes imaginar lo guarra que es nuestra tita, Pedrito! Lo que no sé es si le gustaría follarse a un seboso como tú. ¡Tendrías que habernos visto el año pasado, cuando volvimos del veraneo y nos encerramos en su tintorería, mientras el tito Samuel leía novelas policiacas en el chalet de Caldas! No hubo descanso: tres días y tres noches probándolo todo, a derecha e izquierda y por detrás. ¡Hasta la técnica del carrete chino y la del beso armenio, que entonces eran novedad en Pamplona! Suerte que luego nos frotábamos el cuerpo con los disolventes tintoreros y lográbamos un nivel de higiene física y mental próximo al mundo inorgánico. ¡Con decirte que hasta el alma nos quedaba libre de culpa con esos mejunjes! ¡Me río yo de las gotas del doctor Cabrujas!

En fin, que sepas que me he visto obligado a vender los santos cristos que llevaba colgados del cuello, el reloj y la pulsera de oro que me regaló la tita, la medalla de la comunión y la cadenita de la Virgen que compré en Fátima. O sea, que estoy a dos velas y a punto de dejar de tomarme las gotas. Así que como sé que no te falta pasta y, sobre todo, que estás fofo y no me costaría nada sacarte a golpes el balón gástrico de la tripa, te recomiendo que, por tu propio bien, me prepares tres mil euros para la próxima semana. Pasaré el lunes a recogerlos, con el fin de pagar la reserva de plaza en la universidad. ¡Te quedarás de piedra cuando veas a tu primo pilotando aviones o condenando a muerte a tanto extraviado como hay en el mundo! Y si en Pamplona no hubiera ejecuciones, tengo pensado emigrar a Texas, donde se aplica la justicia como Dios manda. ¡El mundo está necesitado de gente decidida y nerviosilla como yo!

Recibe un abrazo de tu primo, al que tanto quieres y tanto debes,

 

Manolín


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