Trabajos forzados

Leído por ahí

 

¿De qué viven los escritores?, me pregunto masajeándome el abdomen que anda vacío desde el café con leche de la mañana. Ya son las once y continúo sentado frente al ordenador, esperando que llegue la hora de la pitanza. Deduzco que, como todo bicho viviente, los escritores viven del aire: inspiran, espiran, duermen, se despiertan, bostezan y buscan alimentos en la nevera. Decido sacar un trozo de merluza congelada del frigorífico y continúo con mi reflexión. Los escritores también comen y lo hacen según su nivel de ingresos.

En general, la renta de los escritores no procede de la literatura. ¿Cuántos pueden vivir de sus derechos de autor? Los escritores escriben libros, pero sobreviven de su trabajo en otras cosas. Trabajar cansa y a veces inspira. Máximo Gorki, por ejemplo, antes de ser periodista, escritor y revolucionario, fue pinche de cocina, fogonero, pescadero y panadero, lo que le resultó muy inspirador para sus tareas posteriores. Trabajar es la condición para obtener un sueldo; a veces un gran sueldo, como el de André Malraux, que fue ministro y escritor. Otros no salieron jamás de la oficina, como Kafka o Thomas Elliot, trabajador de banca y poeta. “Mi trabajo en el banco es el más interesante del mundo”, aseguraba Elliot en una carta a un amigo, “es tranquilo y me permite vivir en Londres, continuar mis actividades y ver a los amigos; el banco es acogedor y estimulante”.

De todos ellos y de veinte escritores más escribe Daria Galateria, profesora de lengua y literatura francesa, periodista, directora de programas para la RAI y escritora. ¿De qué vive Daria Galateria? En su libro Trabajos forzados. Los otros oficios de los escritores no lo dice, aunque sospechamos que vive, como tantos otros, de dar clases. En el libro se limita a ilustrar cómo sobrevivieron algunos literatos de renombre.[1]

La tesis del libro ya ha quedado apuntada: la tarea de escribir resulta mucho más agotadora que la de un trabajo convencional. Escribir libros, confesó Charles Bukowski, es peor que trabajar en una fábrica; al menos en la fábrica “no estás sometido a tanta presión”. Para muestra, su vida: tras un montón de años simultaneando la escritura con empleos diversos, Bukowski consiguió un pequeño sueldo fijo como escritor; entonces se quedó paralizado por el miedo durante semanas y solo pudo hacer frente a sus compromisos literarios a base de mucho alcohol y mucho vómito.

Puede que los trabajos de los escritores se desarrollen entre fogones, clases universitarias o tras un mostrador de oficina, pero nunca serán tan forzados como la exigencia de escribir un poema, una narración o un ensayo al final de una larga jornada de trabajo. Visto así, es recomendable dejar la literatura para el fin de semana, siempre y cuando se disponga de un empleo que nos permita llenar la nevera.

Moraleja

Considerando lo anterior, trate de guiarse en lo sucesivo por las normas siguientes:

– Quizá usted sea rentista; quizá cobre una pensión. En tal caso, no le importe dedicarse exclusivamente a la literatura, aunque lo haga gratis.

– Quizá usted sea padre de familia, esposo atento, hijo preclaro… y, además, deba mantener una ocupación estable a cambio de un sueldo. En tal caso, no se extrañe de que su producción literaria sea estrecha o insípida. Sufra un tiempo más y quizá logre inspirarse en ello.

– Quizá usted no escriba ni le interese lo más mínimo este asunto de los escritores y sus trabajos. En tal caso agradecemos doblemente que haya llegado hasta aquí. A los que nos esforzamos escribiendo para los demás nos gusta que nos lean hasta el final.


[1] Daria Galateria: Trabajos forzados. Los otros oficios de los escritores (Impedimenta, 2011).


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