Todo empieza cuando la noche

Sin timón y en el delirio

 

Todo empieza cuando la noche
se da cuenta de mi inquietud,
que constituye todo un horizonte
–almacén de barrancos.
apenas cuenta unos años más que yo,
el infinito, que aguza el oído
para conocer siempre
el fin de las cosas
–cazuelas, perfiles, mosquitos.

todo empieza cuando la noche
se da cuenta de mí,
cohibido y discreto
–temiendo la caída.
siente una gran antipatía
por las implosiones, lo sé
–mejor almacenar supernovas,
me dicen, me dicen.

todo empieza cuando la noche
se da cuenta de mis consecuencias,
mis tiempos muertos tramposos,
mis prodigiosos vacíos
–como desmayarte en un museo.
a nadie le gusta demasiado
que le destruyan los bulevares.

todo empieza cuando la noche
no quiere que le quepan
más destierros, más entierros.
incluso las palmeras arrancadas
son mejor compañía que tú.
–me dicen, me dicen.
cuando la noche nos mire
con aires de superioridad,
buscad una salida
–faros, piernas, mantequilla.

todo empieza cuando la conversación decae,
la noche hace como si no comprendiera,
advertida de los vagos peligros
que conlleva mi oblicuidad.
–uno tras otro, mis agujeros aburren
como los de cualquiera.
¡cuidado, poetas!

¿y cómo acaba todo esto?
pues la noche y yo
reanudamos la conversación.
al final resulta que la noche
es en realidad una mujer muy mujer
–astrónoma, arqueóloga, encargada de jabones,
que fuma en el intermezzo de sus palabras
y tiene miradas de cabritilla admirable.

todo empieza cuando la noche
al final, deus ex machina, EMPIEZA.


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