Teneduría de libros y contabilidad

El martillo pneumático

El hombre del Renacimiento se metió en todo. Revolucionó el mundo del arte, situó el hombre como escala de medida de todas las cosas y este centro le sirvió para dar la vuelta al mundo.

Con el uso de la brújula y el astrolabio alcanzó los confines de los continentes, pudo colonizar territorios y extraer de ellos cuanto quiso, perfeccionó la fabricación de la pólvora para su uso en armas de agresión y ataque. En fin, un verdadero humanista.

Ideó sistemas para calcular los beneficios que conseguía con el mercadeo, y así, gracias al ingenio de Luca Pacioli, desarrolló un sistema contable por partida doble que, aún hoy en día, continuamos utilizando.

En efecto, según el sistema ideado por el fraile renacentista florentino, cualquier transacción monetaria u operación comercial debe registrarse mediante dos apuntes; también los incrementos o pérdidas de valor, los beneficios netos y las pérdidas indeseables han de consignarse siempre por partida doble.

Apareció la Teneduría de Libros que enseguida fue ocupando el edificio de los Uffizi.

Fray Luca Pacioli estableció las dualidades siguientes:

1. No hay deudor sin acreedor.

2. La suma que se adeuda a una o varias cuentas ha de ser igual a lo que se abona.

3. Todo el que recibe debe a la persona que da o entrega.

4. Todo valor que ingresa es deudor y todo valor que sale es acreedor.

5. Toda pérdida es deudora y toda ganancia acreedora.

Así pues, si compramos una jaula para el canario, anotaremos en una casilla que entra una jaula (mercadería) y en otra casilla que sale dinero (en el caso de que la paguemos).

El Debe y el Haber. Pérdidas y Ganancias. El Activo y el Pasivo. En aquél anotamos lo que tenemos y nos deben y en éste lo que debemos. La diferencia entre ambos es lo que realmente tenemos, es nuestro capital.

¿De qué se compone nuestro capital? Está claro que en el Activo hemos anotado la experiencia, los desengaños y el dolor sufrido y en el Pasivo deberemos anotar las grandes dosis de amor que aún no hemos abonado.

¿Dónde consignaremos la ironía y la capacidad de relativizar? ¿Estarán en el Debe o en el Haber?

Acabo con la Teneduría, cierro los libros de contabilidad y las preguntas continúan de dos en dos, por partida doble, sin acabarse jamás.


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