Septiembre

Crónica de los días que pasan

 

Encomendarse a septiembre como el último paraíso del verano. Agotando los días de luz minuto a minuto esclavizados en la contemplación de la planicie: marítima o terrestre. Extasiados frente a los frutos que afloran ya a la superficie pre-otoñal. Frutos ovalados que, como un regalo de propiedades antioxidantes, se nos ofrecen contra el óxido del alma: frambuesas, moras, arándanos.

Septiembre o el encanto del resplandor entre las viñas, de la temperatura idónea, de las mareas vivas.

Contemplar septiembre como liana hacia la hojarasca, sin tocar el suelo, es entregarse a percibir la variación lenta del entorno; el ánimo que tiende a decaer con el reflejo cenital.

Morar tierra adentro se transforma ahora casi en privilegio. Un resquemor de abandono se adueña de cada playa que dejamos atrás mostrando su alicaído paisaje. Arenal de nuevo virgen que espera el grito de un niño nuevo cada estío.

Permanecer lejos del mar, sin duda, aplaca la “saudade” aunque hayamos aprendido de memoria el lenguaje de las olas y este jamás detenga su sonido.

 


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