Paralelismos

La termita y la palabra

 

Algunas veces hallo paralelismos entre Antonio Machado y el héroe Eneas; uno huyó de Troya con su padre, Anquises, a la espalda; otro dejó España con su madre, Ana, en la de un amigo. Uno perdió a su amor, Creúsa, en la escapada; otro su corazón, Leonor, en la tuberculosis.

Algunas veces pienso (cuando vuelvo a Virgilio) que habito sin saberlo los campos de Castilla; que Ascanio Alvargonzález es un híbrido extraño entre Soria y la Eneida, entre la anciana Ana Ruiz y la diosa Afrodita.

Algunas veces pienso que “Aphros”, en griego, significa espuma, y me doy en pensar si, en griego, Ana Ruiz no será, sobre el cielo, el rastro boreal de un amor sin fronteras; las sandalias de Ascanio fundando Alba Longa, la leche de Luperca amamantando a Rómulo y Remo, frutos virginales de la linda Rea Silvia, hija de Numitor, muchacha vestal.

A veces, muchas veces, mezclo churras y merinas y contemplo mis libros sabiendo que un mañana yo ya me habré ido y ellos seguirán, y recuerdo que “Aphros” da nombre a la espuma, que absorbí la Eneida a los catorce años pero guardé sus hexámetros como si fuesen orín debajo de la sábana, que admiré a Machado antes de saber que emulaba a Eneas y España era Troya y yo una mota de polvo en el trigal castellano.

A veces…


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