Nunca salgas de copas con un zelote

Lógica (pati) difusa

 

No me gustan los zelotes. Y no hablo de la emoción destructiva, invasiva, fea, cuya naturaleza es envenenar todo lo que toca, y con especial inquina a quien la padece. Desventurados celosos que viven sin pegar ojo, siempre a vueltas con la sospecha y el dolor de estómago alimentado por agravios pretéritos y desprecios actuales.

No, los zelotes a quienes me refiero son distintos aunque parecidos al enfermo de celos. Nacieron hace dos mil años pero su linaje ha pervivido hasta hoy. La historia de estos últimos veinte siglos ha creado una nueva especie heredera de aquella secta: el homo idiota.

Pido disculpas por mi escaso rigor etimológico, pero no voy a remontarme a los griegos, no es necesaria tanta erudición, me basta la forma moderna idiote, palabra de uso corriente en Francia, hacia 1300, y que servía para designar a ignorantes y cazurros. Preciso que algún lexicógrafo galo o quizás varios, endilgaba el adjetivo idiote a los profetas.

La secta religiosa de los zelotes inauguró en el año 66 de nuestra era una nueva manera de morir y matar, tan estúpida que parece imposible su éxito hasta hoy. Ocurrió en Masada donde se refugiaron casi mil zelotes, en un peñasco, a cientos de metros sobre el Mar Muerto. En nombre de la Ley religiosa y del odio a los romanos –parece mentira, con lo que ellos hicieron por mejorar el alcantarillado- soportaron tres años de asedio. Tan cabezones eran que no se les ocurrió parlamentar con los centuriones para evitar aquel suplicio.

En aquella época, había muchas sectas religiosas -como ahora- y todas a la greña: zelotes, sicarios, esenios y otros, cada cual con su verdad, intolerantes y muy violentos. No soportaban que les llevaran la contraria, ni el menor desvío del dogma. ¡Y eran tantos los dogmas! El odio de los zelotes se dirigía a los romanos, a la civilización que representaban, pero también a otros grupos de cristianos primitivos que no interpretaban con el ojo correcto las escrituras sagradas. ¿Qué sabemos de los zelotes? Pues que confiaban en la venida de un Mesías, lapidaban a mujeres casquivanas y fustigaban a blasfemos en el templo para después defenestrarlos.

La contribución de los zelotes al nacimiento del homo idiota está consignada con pelos y señales en los manuscritos del Mar Muerto. Cuando los romanos estaban a punto de entrar en Masada, decidieron una argucia para morir sin contravenir la ley judía que prohibía el suicidio. Organizaron una matanza metódica: el cabeza de familia mataba a esposa y criaturas; el jefe del clan, a los hombres bajo su mando, y estos últimos caían por la mano del jefe religioso supremo, quien, por estricto orden jerárquico mataba a los varones zelotes. ¿Y el jefe maximus cómo feneció? Es posible que le pidiera a un moribundo, a quien previamente hubiera asaeteado, el empujón definitivo para descalabrarse precipicio abajo. Aunque pudiera darse el caso de que, una vez todos muertos y sin testigos, se aviniera a dialogar con el romano para salvar la vida. Nunca lo sabremos. Otro enigma histórico.

Este es el honor perdido de los zelotes: morir y matar por una fe, en la que no cabía la sombra de la duda, ese benéfico y salvador antídoto contra la estupidez y la muerte intelectual, y en ocasiones, también física.

Además, todos los fanáticos de Judea, fueran zelotes, del frente patriótico nacional o del frente nacional patriótico, no soportaban las risas, ni los cantos paganos, ni la mofa y escarnio de la palabra fundacional. Un aburrimiento insoportable que no se lo deseo ni a mi peor enemigo.


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