Mi madre siempre me decía que yo era un descastado

Isla Naufragio

 

Testimonio

(La identidad y otros temas de prosapia y enjundia)

 

La identidad es un ente abstracto que sirve para construir una comunidad con sus rasgos que le son característicos, verdaderos o inventados, es igual, pero es necesario que estos rasgos sean asumidos por la mayoría de esa comunidad.

Este ente abstracto necesita ser conformado y dirigido por los gobernantes (los que mandan en segundo plano), y los dirigentes (los que mandan en primer plano) para que la identidad de la comunidad tenga un objetivo claro y definido.

Mi madre siempre me decía que yo era un descastado. Un descastado es aquel que se muestra desligado de sus familiares y amigos, y también, por extensión, aquel que ha perdido o renuncia al vínculo con su origen o identidad social.

Yo comprendo la queja amarga de los gobernantes que no pueden hacer un país como es debido si la mayoría de los gobernados son unos descastados. Así es muy difícil, casi imposible, hacer un país en condiciones.

Mi madre me decía descastado porque en su pequeño mundo, al que yo pertenecía y del que ella era gobernadora, yo nunca quería participar en las obligaciones sociales y familiares que imponen con acierto y sabiduría las normas de la comunidad. Yo era un respondón, estaba en otro mundo, en otra guerra, y eso la hacía quejosa e infeliz.

Pero, claro, la identidad es también la conciencia que uno tiene de sí mismo, y por ese motivo yo, sin saberlo, daba preeminencia al individuo sobre la tribu. Y eso no está bien. La identidad de la tribu tiene que estar por encima de la del individuo para que un país vaya unido y firme hacia su destino. No sé por qué he salido así. Supongo que no me troquelaron de pequeño, o me troquelaron indebidamente, como en el ejemplo de los gansos recién nacidos.

De mayor sigo siendo un descastado, ahora por extensión, y contemplo triste y sin ganas lo que me rodea. Sin ganas porque no me apetece, y triste porque ¡anda! lo que me estoy perdiendo por ser como soy, efemérides históricas, adhesiones inquebrantables, cabalgatas de la victoria, destinos prodigiosos, campeonatos del deporte rey, desfiles militares con música marcial…

Y es que es muy pesado. Para mí. Identificarse con la identidad supone asumir como propia la historia pasada y futura de ese país que te ha tocado en suerte. O en desgracia. Y no sé si eso me gusta. Porque tu no eliges el país en que has nacido. Y jugarte al azar tu identidad es poco serio.

Y creo que hay otra cosa. Genética. Yo creo que los descastados tenemos un cromosoma de más. O de menos. O si no es un cromosoma es algo de eso que hay por ahí. Que impide que nos diluyamos en la identidad que nos han preparado a su medida. Cuando veo a las masas alegres que caminan hacia la victoria me digo huy, huy. Soy así de cenizo.

Mi madre también me decía que un primo mío comía más que las orillas de un río. Y lo decía con envidia. Porque yo comía poco y era muy delgado y enclenque. Pero eso es otra historia.

 

Raúl Morillo, el Descastado.


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