Mentiras consensuadas

Lengua de lagartija

 

Como todo el mundo sabe, los truenos, rayos y relámpagos son expresiones de la ira de Dios. El Creador observa con desagrado la pecaminosa conducta de los hijos de Adán y, en vez de expresarse de inmediato, va acumulando su rabia hasta que cualquier día estalla y ahí tenemos las tormentas e inundaciones. Así es como es, y no como nos quieren hacer creer los sabiondillos salidos de las universidades profanas que inventan explicaciones absolutamente falsas que invocan las diferencias de temperatura y otros fenómenos supuestamente naturales. Nada de eso: Dios se cabrea y entonces mea sobre nuestras cabezas mientras nos insulta a gritos (que son los truenos).

Otra gran mentira es aquella de que la tierra es redonda y las estrellas son otros tantos soles. ¡Qué disparate!, si la tierra en verdad fuese redonda a poco de andar sobre su superficie acabaríamos por caernos y seríamos aplastados por las patas de los elefantes que sostienen el planeta. Pero, ya ven, la gente es capaz de creer cualquier embuste suficientemente publicitado. ¡Si serán brutos!, tanto que se resisten a tomar en consideración que las estrellas son bombillas led colocadas por el Todopoderoso en la bóveda celeste para que tengamos una poquita de luz en las noches frías de invierno, dado que el Señor apaga la estufa cada cierto tiempo para que sepamos lo terrible que fue haber sido expulsados del Paraíso, donde la temperatura de 22 grados era constante y se podían comer bananas de Costa Rica, piñas importadas de Samoa, caviar de beluga, caldereta de langosta, crema catalana y postre de músico, pero nunca aquel fruto prohibido que la serpiente mamba hizo ingerir a esa mala mujer que fue Eva.

Otra gran falsedad pergeñada por el sistema es la que pregona que el nefasto vicio de la masturbación es inocuo, cuando en verdad es inicuo. Toda la gente de bien sabe que la masturbación produce ceguera, epilepsia, locura, sífilis, acné, lepra y halitosis. La masturbación es la puerta grande de entrada al infierno. En el cementerio de pajeros, ubicado a un costado del camposanto de piadosos ubicado en la isla de Gursunakoa, yacen las osamentas de todos aquellos que en vida optaron por el vicio de Onán. Sobre una de las lápidas se ha erigido la estatua de un muchachito pajero; se lo representa con los párpados cerrados en gesto de éxtasis y un gran pene que aferra con ambas manos. Otra estatua adyacente representa a una bella joven de cuyos ojos dolientes manan lágrimas y de su nariz abundante moco. Hay una placa sobre el mármol que dice así: «¿Por qué lo hacías, vida mía, acaso yo no era suficiente para ti?»

Los mitos, mentiras y posverdades gobiernan nuestras mentes y nos hacen creer que el ser humano de verdad pisó la luna, cuando en realidad todo aquello fue rodado en un plató de la Columbia Pictures. También creen como cosa verdadera que los derrumbes de las Torres Gemelas se debieron al choque de aviones conducidos por terroristas, cuando bien se sabe que fueron explosiones controladas que produjo la CIA.

¡Cuánto lavado de cerebro!, así se entiende la popularidad de las demoníacas vacunas y todo aquello.

¡Dónde iremos a parar!


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