Más allá del árbol de Minerva

El martillo pneumático

 

Más allá del árbol de Minerva hay unos hombres bárbaros que no padecen el mal de la Arcadia.

Más allá de la retórica griega hay tanta barbarie como salvajismo.

Más allá de los límites de los olivos hay otro mundo.

Más allá de las murallas de Constantinopla hay otras murallas de arcilla, hay pirámides escalonadas, zigurats y recuerdos de jardines colgantes.

Más allá de los desiertos, por donde se levanta el sol, hay unas tierras donde florece el loto y los calígrafos utilizan distintas clases de pinceles.

Más allá de las montañas del este hay otros poetas que escriben versos muy sentidos.

Hay gentes en otras tierras que no han conocido la desventura de Orestes ni el dolor trágico de Medea, pero que conocen también el drama humano.

Más allá de las orillas del Ponto hay islas donde el sol ilumina las túnicas de seda y los artistas dibujan grullas y almendros en flor.

Más al norte, donde los hielos cubren las llanuras, conocen el drama del mar y la nostalgia de los marineros errantes.

Más allá de la cordillera nevada, donde no llegan las notas de Marsias,  hay un músico engreído que sobre el pentagrama deja escritas las canciones del buque fantasma.

Más allá de las tierras secas, donde florece la retama, hay maestros del claroscuro.

Más al norte de roquedal hay abejas que liban néctares de otras flores y los artistas del cincel golpean la piedra con emoción.

El helenocentrismo ejerce una fuerza centrípeta que concentra el orden y la mesura, también la ‘terribiltà’ y la perfección de Dodecaneso.

Más allá del árbol de Minerva también hay salvación. La amplitud de miras cura muchos males.


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