Maldito borrador

Susurros a bocajarro

Qué miedo dan los olvidos.
El que sufren las aceras cuando llueve sobre las pisadas,
pero más, el que atraviesan los pies al saltar sobre los charcos.

Qué miedo olvidar el deseo.
La locura.
El desastre.
La mano en el hombro al pasear.

Qué mala idea no hacer nunca fotos ni dibujos.
Dejar dichas las palabras, y no escritas.
No queda reflejo del destello de unos ojos.
No hay ni siquiera cicatriz en las arrugas.

Qué mala suerte, haber aprendido a curarse.
No acordarse del vértigo.
De la boca del estómago tocando bebop con las cuerdas vocales.
De la garganta llena de algodón empapado en saliva mal tragada.
De la quijada dolorida de carcajada.
De la sal en las mejillas sentada en el suelo helado de cualquier cuarto de baño.

El terror nocturno que envenena la vigilia ya no es dolor ni desencuentro.
El único monstruo tras la puerta del armario lleva el nombre del Olvido.
Qué miedo olvidarse, incluso, del miedo.


Fotografía de Susana Blasco


Comparte este artículo


Más artículos de Soteras Myriam

Ver todos los artículos de