Los pájaros

Entre líneas

 

 

A  media tarde retornan los pájaros hacia sus nidos, oyes como cantan ahí afuera, sus sonidos son hipnóticos, atemporales, como un bebé llorando desconsoladamente.

Y tú sigues atrapado, has olvidado cuánto tiempo hace que vives en este paraje desolado donde no llegan las luces de la ciudad y nunca oyes la algarabía de la gente.

Habitas dentro del texto que voy tecleando en el computador, y sé que cada vez que escribo voy estrechando tu cerco, mientras tú intentas sin éxito salir de aquí, y tan solo logras trasladarte al papel cuando te imprimo minutos más tarde.

Ayer sin ir más lejos, intentaste huir por los márgenes que el texto deja a ambos lados del papel sin lograr moverte de entre la tercera y cuarta línea.

Al fin, conseguiste deslizarte con una cuerda entre los espacios que dejan las palabras entre sí, y pudiste descender poco a poco hasta alcanzar el pie de página, imaginabas que tal vez desde ahí podrías dejarte caer sobre las guardas, alcanzar la contraportada y por fin salir del libro, te decepcionó comprobar que tampoco allí había ninguna escapatoria posible.

Escuchas una horda de pájaros ahí fuera, el ruido es cada vez más intenso, y tú sigues preguntándote qué haces dentro de este escrito; se te olvida que siempre has estado aquí y que solo has podido viajar a través de las palabras.

Quisiera que comprendieras por qué te suplico que no abandones el texto nunca jamás, que ni lo intentes; date cuenta que sin ti las palabras quizá un día desaparezcan y no tengan razón de ser, ya que es aquello que habita entre líneas, como tú, lo que nos seduce, solo allí se encienden las luces de la ciudad, solo allí el silencio es la ley.

Una bandada de pájaros acechan en la ventana, cada vez van llegando más, no hay salida, te repites una y otra vez mientras algo se remueve en tus entrañas.


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