Lo natural

Somos una granja humana

 

Wunderschön comparte con Descartes la tesis de la perfección divina, y la tesis de la dependencia humana respecto de esa perfección divina, y un montón de conclusiones ridículas que defiende con argumentos más cutres aún que los de Descartes. Pero lo que más me preocupa, ahora que han vuelto a programarlo en la asignatura de Filosofía es que el profesorado explique mal el apéndice de la oca y el alumnado entienda todo lo contrario de lo que hay que entender. Porque Wunderschön nunca fue un defensor de los animales. Porque si Wunderschön estuvo comprometido con los animales, fue siempre a un nivel de yo te mastico, tú me nutres. Porque está más que documentado que Wunderschön se ponía tibio de carne magra y de pescado fino en los mejores restaurantes de Viena, sólo hay que verlo en los grabados de la época para darse cuenta de que estaba cebón. Todo ser en estado natural devora y es devorado, sostiene Wunderschön en los últimos capítulos de Ich Jucken Den Esel. El asesinato de determinados seres redunda en provecho de muchos otros, que se alimentan de su carne, que se sacian con su sangre, que les sorben las vísceras y les roen los huesos. Los cuerpos funcionan con cuerpos, y eso es algo que no podemos cambiar. A nivel bacteriano, incluso un inocente ficus es responsable de innumerables holocaustos a lo largo del día, y desde una perspectiva ética no está nada claro que una ameba tenga menos derechos que un chimpancé. La conclusión de Wunderschön es que tienen idéntico derecho a engullir y a ser engullidos. La conclusión de Wunderschön es que así es la naturaleza; ¿quiénes somos nosotros para ponerla en tela de juicio? La última conclusión llega con el apéndice de la oca, que al parecer se fraguó a raíz de un guateque que organizaron los editores de Wunderschön para celebrar la inminente publicación de Ich Jucken Den Esel.

Al parecer en el guateque sirvieron verdaderas carretadas de foie, y no es que a Wunderschön no le gustara el foie, pero se ve que ese día le dio por pensar. Wunderschön meditó acerca de esa capacidad natural que tienen las ocas para acumular grasa en el hígado sin enfermar, en cómo esa ventaja que las salva de morir durante sus largas migraciones se vuelve de pronto en su contra. Estamos hablando de lo que técnicamente se conoce como AFMM o Alimentación Forzada Mediante Maíz. Estamos hablando de que a los dos meses de vida te agarren y te ceben hasta multiplicar por siete el peso y el tamaño de tu hígado. Estamos hablando de que te agarren del cuello y te lo tuerzan hacia atrás hasta que quedes mirando al cielo, y entonces te introduzcan por el cuello un tubo metálico a cuyo otro extremo hay un embudo. Alguien embute un palo en el embudo, todo comienza a resbalar hacia adentro. Kilos y kilos de maíz engrasado y reblandecido amontonándose en el fondo de tu estómago, abultando más y más, incrementando la presión hasta lo indecible. Estamos hablando de engullir el equivalente a quince kilos de espagueti todos los días. Estamos hablando de un hígado monstruosamente deformado, de una esteatosis hepática extremadamente prolongada,  extremadamente aguda, extremadamente dolorosa. Estamos hablando de encontrarte horriblemente mal durante todos y cada uno de los minutos, durante días y días, durante dos semanas enteras. Estamos hablando de querer morirte desde que despiertas hasta que pierdes el conocimiento de nuevo. Cuando lo recuperas, ahí está el hombre, y ahí está el tubo, y  ahí está el embudo.

Wunderschön mira a su alrededor en el guateque y ve esas gigantescas montañas de foie, y ve todos esos collares de perlas, y ve todos esos abrigos de visón. Ve a toda esa gente de cháchara untando foie en tostaditas, de cachondeo a la hora del aperitivo. Ahora Wunderschön los ve con otros ojos. Ahora Wunderschön percibe que algo marcha mal. Wunderschön improvisa una excusa, huye del guateque, corre hacia su estudio, se abalanza contra su escritorio. Y de un tirón escribe el célebre apéndice de la oca que pone punto final a Ich Jucken Den Esel. A ver, yo me he leído la edición que en su día publicó Paidós y en resumen lo que viene a decir Wunderschön ahí es que lo de la oca es distinto, que lo de la oca no le parece bien. ¿Y por qué? Pues porque lo de la oca no es natural. Y la verdad es que el texto es estremecedor por momentos, y que tiene una truculencia y una mala leche que hace que funcione como la buena literatura. Pero una vez más sus argumentos son cutres, y estoy bastante seguro de que habría pasado desapercibido y hoy nadie se acordaría de él de no ser por lo que le sucedió a Wunderschön en esa misma habitación, sentado frente ese mismo escritorio, apenas tres semanas después. Estamos hablando de estar tan tranquilo en tu casa y que de pronto los cristales empiecen a vibrar. Estamos hablando de que todos los objetos de la estancia se pongan a caminar por las estanterías y se suiciden estrellándose contra el suelo. Estamos hablando del techo precipitándose sobre tu cabeza y del suelo cediendo bajo tus pies y de tu cuerpo precipitándose al vacío envuelto en una tormenta de polvo y cascotes y travesaños de madera que te golpean por todas partes en una caída tortuosa y accidentada. Estamos hablando de un terremoto que señala un nueve coma tres en la escala de Richter. Hablamos de emerger a una vorágine de dolor con una construcción de dos plantas derrumbada sobre tus espaldas, el pecho aplastado contra otro estrato de escombros. Estamos hablando de dificultades para respirar, de abrir los ojos en la negrura más absoluta, de un globo ocular reventado derramándose por tu mejilla. De mover un brazo y recibir un latigazo de dolor, de mover una pierna y recibir otro latigazo. De constatar que pese a los esfuerzos ninguno de los movimientos se ha completado. De brazos y piernas doblados en posturas imposibles, de todos los huesos del cuerpo rotos, astillados, triturados bajo gruesas vigas y enormes tronchos de cemento. Estamos hablando de una catástrofe que arrasa todos los barrios del este de Viena, que desata el pánico y el caos en la cuidad. De pelotones de rescate organizados de manera espontánea y apresurada, de voluntarios sin experiencia, sin medios, sin herramientas. De supervivientes conmocionados que no dan abasto. Estamos hablando de un travesaño de madera protegiéndote la espalda, de una bolsa de aire en torno a tu cabeza. De una gruesa capa de grasa preservando tus órganos vitales de lesiones internas. Estamos hablando de un milagro.

Wunderschön permanece quieto, ciego, inmovilizado. Su consciencia viene y va en una vorágine de dolor. Estamos hablando de gritar durante horas con la boca ensangrentada a través de unos dientes rotos. De rabiar y pedir ayuda hasta perder el conocimiento. De despertar al dolor quién sabe cuánto después en ese mismo sitio, en esa misma postura. Hablamos de gritar y  gritar hasta que el desmayo vuelve a apagarte. De un dolor que te enciende y te tiene gritando toda la noche. De un ciclo que se itera a lo largo de todo el día siguiente, y del siguiente, y del siguiente al siguiente. Afuera, en el exterior, unos niños escuchan los gritos de Wunderschön, corren en busca de ayuda, se pierden. Tardan horas en volver a dar con Wunderschön, sus gritos guían a un reducido grupo de voluntarios hasta él. Wunderschön grita y grita, los hombres escarban con las manos desnudas, aúnan esfuerzos para retirar vigas y piedras. Wunderschön grita y grita hasta que deja de gritar. Una y otra vez lo dan por muerto, una y otra vez Wunderschön vuelve a gritar. Tres días con sus noches tardan los rescatadores en abrirse paso hasta él.  Cuando finalmente lo desentierran, lleva una semana entera bajo tierra y Wunderschön sólo gime, ya no le queda voz. Alguien tira de su brazo, una vértebra termina de quebrarse. Y con un inaudible crac  se marcha al otro barrio un hombre que tal vez no fuera un gran pensador pero que a fin de cuentas tuvo la temeridad de pensar y llegó a algunas conclusiones sensatas. Un hombre que pensó mucho y que, pese a todo, supo tener piedad. A lo que iba es a que entiendo que este desenlace ensombrezca todo lo que escribió Wunderschön en Ich Jucken Den Esel, que ciertamente tampoco es nada del otro mundo. Y entiendo también que cuando los profesores explican lo del tormento de la oca y lo del tormento de Wunderschön y luego explican lo que Wunderschön consideraba natural, los alumnos se meen de la risa. Porque al final es cierto que todo es natural, y me parece muy bien que los alumnos sean conscientes de ello. Pero me gustaría también que fueran conscientes de que lo natural sería que lo natural fuera otra cosa.


Comparte este artículo