Piedras en el tejado

Leído por ahí

 

En su último libro1, el psicólogo británico Stuart Sutherland (1927-1998) pasa revista a los motivos por los cuales las personas tomamos con frecuencia decisiones equivocadas. En palabras de Sutherland, “con todos mis respetos hacia Aristóteles, cabe afirmar que la conducta irracional no es la excepción, sino la norma”.

Todos somos irracionales de vez en cuando, y los editores de libros y revistas, así como los lectores de literatura ajena, no son una excepción. Lectores y editores nos dejamos llevar por el llamado “error de disponibilidad”: a la hora de juzgar, preferimos las opiniones más cercanas, fruto de la propaganda y el estereotipo. Stuart Sutherland cuenta en su libro la siguiente anécdota, que resulta ser, basicamente, una advertencia:

En 1969, Jerzy Kosinsky ganó con la novela Steps [Pasos] el American National Book Award de ficción. Ocho años después, un bromista lo copió a máquina y envió el manuscrito, sin título, y bajo nombre falso a catorce editoriales importantes y a trece agentes literarios de Estados Unidos, incluyendo Random House, la editorial que lo había publicado. Ni una sola de las veintisiete personas que lo recibieron se dio cuenta de que ya se había publicado. Aún más: las veintisiete lo rechazaron. Lo único que le faltaba era el nombre de Jerzy Kosinsky para producir el efecto de halo; sin él, se convertía en un libro indiferente. La industria editorial no es más irracional que cualquier otra y, a pesar del asunto Kosinsky, probablemente no se merezca el comentario de Colin Haycraft: «Si no sabe vivir, escriba; si no sabe escribir, sea editor; si no puede ser editor, sea agente literario, y si no puede ser agente literario, que el Señor le proteja».2

Moraleja

Considerando lo anterior, trate de guiarse en lo sucesivo por las normas siguientes:

– Evite usted la información que le pueda predisponer a favor o en contra de algo; por ejemplo, no juzgue La Charca Literaria antes del verano y no haga caso de su primera impresión.

– Sea tenaz y léanos sin prejuicios. Por ejemplo, al juzgar uno de nuestros artículos, intente no saber el nombre del autor hasta haberse formado su propia opinión sobre el trabajo.

– Cuando se vea en la tesitura de leer un segundo artículo del mismo autor, piense que quizá en esta ocasión no se merezca un juicio tan desfavorable.

– Pero si es usted editor y, en realidad, no sabe escribir, no haga caso de sus propias opiniones. En el peor de los casos, ya sabe, trabaje como agente literario y ¡que el Señor le proteja!

Nos despedimos hasta enero de 2016. Que la ausencia les sea leve.

 

1. Stuart Sutherland: Irracionalidad. El enemigo interior. (Alianza, 1996).
2. op.cit. página 47.


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