Las niñas llegarán por el verano

Crónicas mínimas

 

Estando mi hija embarazada la acompañé al hospital de Sant Llorenç de Viladecans a lo que llaman «ecografía de la semana 20». Está gestando una niña que llevará el nombre de Kala.

Kala es un nombre de origen hindi y significa «virtud», «gracia». Entre los árabes quiere decir «hermosa» y «fuerza». También significaba «hermosa» en griego clásico. ¡Qué buen augurio para la niña!

Todo esto, lo confieso, lo he mirado en Wikipedia.

Y cuando ya crees que pocas cosas pueden emocionarte en la vida, te invitan a entrar al momento de la ecografía. Entonces oyes latir acelerado el corazón de la niña, la ves moverse nerviosa en el seno materno e, incluso, ves su carita un instante e intentas encontrar parecidos imposibles. Eso es algo difícil de explicar y desde luego a mí me faltan palabras.

También, más allá de los campos, de los ríos y de los mares, donde está el origen del sol, mi hijo Javier, pocos días después, nos informó de que otra niña ha emprendido el camino. De esta no sabemos aún su nombre. Pero seguro que será bonito y tendrá reminiscencias orientales, ya que su madre, Miyuki, nació en Tokio y allí viven.

Sé que estas noticias poco o nada interesan y su ámbito es el familiar, pero si las comparto es porque, siempre, el anuncio de la llegada de nuevos seres es motivo de alegría, y nos gustaría poder legar un mundo mejor del que hemos recibido a las niñas que están en el camino y que llegarán por el verano.


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