Las cajas vacías de las rebajas

Perplejos en la ciudad

 

Ayer, 6 de Enero, el día de los Reyes Magos, ya había árboles navideños arrojados de las casas, algunos abandonados en plena calle, otros depositados en reductos municipales. También llenaban contenedores y papeleras las cajas vacías de los regalos, los envoltorios con estrellas, las botellas y otros residuos de fiestas, mientras en la calle dejaban de sonar las tarjetas de crédito, vaciadas y, sobre todo, de nuevo, se oían palabras hueras, de felicidad fugaz, vacías de paz, como derretidas en la taza de chocolate con churros, para resacas. Vacío, vacías.

— ¿Cómo dice, vacías de qué…, de felicidad, de paz con churros al chocolate? ¿Tan mayor y tan ingenuo aún? Mire, todo desparramado por el suelo, árboles arrojados a la calle, papeles de regalo tirados entre las hojas secas, restos de fiesta a la espera del barrendero, de los basureros de nuestras fiestas. Un momento, que apagamos las luces. Ya puede salir, se acabó la fiesta.

Y ahora las Rebajas. Nos rebajarán todo aquello que no nos interesa.

¡Vida rebajada, descuentos de muerte!, proclaman los escaparates de tiendas, los anuncios de los almacenes. Con los sueldos al mínimo y las pensiones a la baja, sin resuello -rebajada la vida, altavoces potentes nos animan a rebajar el espíritu, nos animan a que compremos las rebajas de todo lo que no necesitamos.

Es la vida, nos dicen, compre si quiere vivir.

Si quiere sentirse vivo, adquiera con un descuento de hasta el 50 % una buena colección de cajas vacías, diseñadas para usted, que sabe vivir y sobrevivir a las fiestas escalando la Cuesta de Enero, apartando a manotazos, si es necesario, los residuos de las fiestas. Pues que hoy y mañana y siempre, no lo olvide, es el día de las rebajas, sus rebajas. De las rebajas de todo aquello que no le importa. Rebajas de las cajas vacías, pero de cuyo contenido ilusorio, sin embargo, depende su vida. El vacío, el vacío.


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