La Tere se levanta a las doce y luego a tutiplén

Isla Naufragio

 

Testimonio

Era una mujer madura la que se quejaba paseando con unas amigas por la playa de Calafell. Una madre, sin duda, harta de su hija, la Tere, que además de levantarse tarde encima exigía que todo estuviese listo y a tutiplén.

Seguro que la Tere estaba pasando el verano en el apartamento de sus padres y por alguna extraña perversión filial había confundido dicho apartamento con un hotel libre de gastos y con derecho a exigencias. ¿Qué le ha pasado a la Tere? ¿Qué le ha pasado a todas las Teres quinceañeras, veinteañeras o treintaañeras que pululan por todas partes?

Si no eres víctima, la vida es más agradable, y así se siente la madre de la Tere y sus amigas, que asienten en silencio, víctimas de las Teres de turno, a las que dejaron de amamantar o dar el biberón hace muchos años pero que siguen exigiendo como el primer día protección total y colchonera ante un mundo incómodo y desabrido.

La poesía puede convertirse en oración, y la oración es una poesía de lamento, ruego y esperanza. Estas mujeres, ellas no lo saben, están orando al dios de la razón esperando que sus lamentos hagan cambiar a las Teres, tan seguras de sí mismas, pero eso es imposible. Las Teres pagarán su egoísmo cuando tengan sus propias hijas, unas Teres pequeñitas, y vuelvan a reproducirse en las carnes de sus carnes las exigencias del dormir hasta las doce y el tutiplén asegurado.

Juan Sánchez, alquilador de hamacas


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