La “pietà” de los demócratas

Ahí está el detalle

 

 

El 8 de noviembre de 2016 los estadounidenses votaron para que Hillary Clinton o Donald Trump sucedieran al presidente Barack Obama, después de ocho años al frente de la Casa Blanca. Pocos predecían la victoria del republicano y muchos contaban los días hasta la siguiente hazaña demócrata: del primer presidente negro a la primera mujer presidenta. Entre estos últimos se encontraba el documentalista Greg Barker, que estaba rodando los últimos meses en ejercicio del equipo de política exterior saliente y, ávido de imágenes halagüeñas, quiso recoger la reacción de sus principales protagonistas en ese momento. Porque, ¡qué mejor final para un documental elogioso y sin ápice de crítica que hacer entender al espectador que el legado de Obama tendría continuidad!

De manera que convenció a la enérgica Samantha Power, embajadora de Estados Unidos ante las Naciones Unidas desde 2013, para que reuniera a un grupo de mujeres insignes al atardecer, justo después del cierre de los colegios electorales, y así visionar todas juntas el recuento de votos hasta el veredicto final. “Esta noche –según Power– es un evento histórico para Estados Unidos y lo vamos a vivir con las 37 mujeres embajadoras en las Naciones Unidas y Madelene Albright, la primera mujer en convertirse en Secretaria de Estado de los Estados Unidos, después de ser embajadora en las Naciones Unidas”.

La escena, como muestra el documental, se desarrolla en un salón espacioso con grandes ventanales y presenta un ambiente festivo y confiado. Aunque el televisor está encendido en un canal de noticias, todas las miradas se centran en el pin que lleva en la solapa Madelene Albright. “Un pin muy apropiado para esta noche”, según una de las invitadas, ya que pone de manifiesto el techo de cristal. Una metáfora sobre las barreras invisibles que encuentran las mujeres a la hora de abrirse abrirse paso en su carrera profesional.

Razón por la cual, cuando los primeros datos del recuento electoral muestran cifras favorables para los demócratas, Power levanta el puño victoriosa y grita: “¡Rompiendo el techo de cristal!”. De ahí en adelante, sin embargo, los republicanos ganan ventaja y las invitadas cambian drásticamente de parecer. La voz del presentador del noticiario se apodera de la sala paulatinamente. El brillo del miedo se atisba en la mirada de todos y cada uno de los rostros enfocados.

Y unas horas más tarde, se consuma la tragedia: Trump gana las elecciones. Ocurre lo inesperado. En el salón hay mucha incredulidad. Nadie se atreve a hablar aún de la derrota demócrata, ni por supuesto de la victoria republicana. Se vive un momento de tensa calma; hasta que la hija de Power, Rian, de tan solo 6 años, se encarga de ponerle fin derrumbándose agotada sobre las piernas de su madre. Y de repente se conforma una imagen tan potente y oportuna como la pietà, a la que Barker le dedica el plano más largo de toda la escena, a modo de conclusión.

Este motivo visual, que popularizó la escultura de Michelangelo, representa a la Virgen María recogiendo en su regazo el cuerpo de su hijo muerto tras el descendimiento de la cruz. Una dramaturgia que invoca tanto el dolor íntimo de una madre como el fin de una aspiración colectiva. Así pues, la similitud entre ambas representaciones no solo reside en el ámbito plástico, sino también en el conceptual; en consonancia con otros ejemplos que hemos podido observar a lo largo de la historia del cine, como la mujer que protege a un niño indefenso en El acorazado Potemkin (Bronenósets Potiomkin, 1925) o el padre Pietro sujetando el cadáver de Pina en Roma, ciudad abierta (Roma, città aperta, 1945).

Ahora bien, la particularidad del caso que nos ocupa es que se trata de una reformulación en clave feminista de esta iconografía cristiana, ya que constituye una denuncia contra la inalterable robustez del techo de cristal. Y si cabe destacarlo es porque nunca antes habíamos visto usar la pietà para reafirmar el movimiento feminista. Es, por lo tanto, una innovación iconográfica cuyo mérito corresponde al azar y a Barker por respetar el marco y alterar el cuadro.

El título del documental es The Final Year (2018). Se estrenó el pasado 19 de enero en Estados Unidos. Aún no tiene fecha de estreno en nuestro país.


Comparte este artículo


Más artículos de Lasheras Albert

Ver todos los artículos de