Hoy ganan las chicas

Zoom impertinente

 

Hace unos cuantos domingos, a las 9 de la mañana, todos los vagones del metro que se dirigían hacia la plaza de España de Barcelona estaban inundados de mujeres vestidas con camisetas de color rosa que se disponían a participar en la Carrera de la Mujer. En uno de los asientos, sepultada por aquella marea fucsia, una de las pasajeras parecía ajena al gran evento. La mujer, que ya había traspasado los cincuenta, tenía el pelo teñido de rubio, con rizos desordenados y gafas que le cubrían unos ojos enrojecidos. De vez en cuando, su cara emergía entre el vaivén del mar rosa, con la mano en la frente a modo de visera. Observaba el lema de enormes letras blancas impreso en la espalda de las camisetas de las corredoras: “HOY GANAN LAS CHICAS”. La mujer, con los ojos clavados en el texto, movía los labios, una y otra vez, mientras leía el enunciado de las camisetas. Llamaba la atención su insistencia, la tozudez con la que estudiaba aquella frase sin, al parecer, poder descifrar su significado. La verdad, no era nada fácil entender aquel eslogan cuando el setenta por ciento del total de los contratos a tiempo parcial están firmados por mujeres y sus salarios son un veinticuatro por ciento inferior al de sus compañeros, por igual trabajo. ¿Ganan las chicas cuando en la dirección de las empresas las mujeres únicamente representan el diecisiete por ciento de esos puestos? La gran bola rosa iba y venía con los movimientos del vagón, y la mujer continuaba con los ojos y los labios atrapados en aquellas palabras sin vislumbrar su sentido. ¿En qué momento ganan las chicas si en profesiones atestadas de mujeres, como la enseñanza y la judicatura, solo hay una rectora en el total de las cincuenta universidades públicas; si en la Real Academia las mujeres ocupan siete sillones por cuarenta y seis de los hombres, y en el tribunal supremo solo hay once mujeres por sesenta y ocho hombres? Además, en todo el Estado español solo fueron elegidas cuatro presidentas autonómicas y cuatro ministras. ¿En algún momento ganan las chicas si tienen que dedicar el doble de tiempo que los hombres al trabajo doméstico y, aparte de todo lo anterior, sufren en sus vidas la tragedia de la violencia machista sin que ninguno de los poderes públicos ponga remedio? De golpe, la mujer pareció comprender. Se cubrió el rostro con las manos cabeceando. Era obvio que aquel domingo tampoco ganarían las chicas.


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