Hassi Labbied

Sin timón y en el delirio

 

 

El desierto está
ciertamente
desierto,
y un muro
de palmeras
ciega
el horizonte

esto
no existe,
no puede,
busco
el poste
que aguanta
el escenario,
el doblez
de la postal;
la esquina
que explique
el panorama,
la puesta
la visita
el gallo
el oasis
irreal

renacuajos
y renacuajas
en el canal
de palmeras,
un rastro
de pisadas
pedidas
y palabras
de raso,
una muñeca
de caña,
de trapo
y de oferta

el sol
se duerme
en vapor
de naranja
en un lecho
de bruma
de medio
Atlas,
sangra
ocre
sobre
sombra,
torbellino
de silencio

el tiempo
pasa distante,
a lomo
de camello,
el paraíso
tiene
más caras
que granos
la duna

este desierto
debería estar
prohibido;
tengo
pesadillas
con un mar
de pechos
que duermen
conmigo

el mundo
reducido
a un único
sonido,
el alminar
que despierta
el atardecer
del Sahara

podría abandonar
mis palabras
en esta cresta
de arena,
dibujos
a caña
barridos
por la primera
mañana,
pero no,
me los llevaré
conmigo,
el mundo nos necesita
como testigo

prisa mata,
una carroza mágica
de hojalata,
flores de plástico
enmarcando el porvenir,
una puerta atascada,
rutas de papel
y sinuosa verdad,
dieciséis almas
y dos carneros
en piel,
trotando al ritmo
de la banda sonora
de la comunidad

 

Fotografía Lolita Lagarto


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