Hacia la fraternidad

M de Mirinda

 

Frente a la pendiente huracanada, la parsimonia del amigo. Tras la contención de los lodos, la entrega melosa a la presencia que acoge. Contra el soliloquio de araña, la conversación de rabos de cereza (puzle cordial que mece y desentumece). Ante el filo de lo hostil (aristas, lomas, migas secas, sierras críticas, esquirlas y gravillas con sed de heridas…), la concavidad del hermano. Versus el hipo de lo discontinuo, el sedoso engranaje de la bonhomía y, para lograr escaño en la ternura, la invitación al hojaldre (y al salón refulgente, a las zarpas replegadas, al miedo confeso, a la resina balsámica, a la fe de vida, al café pequeño y a la hospitalidad, no de mirilla, sino de puerta grande.) Desde el principio fue un alud de vínculos, de zarcillos y delicias. Ahora, se navega hacia la amistad-río de sargazos, hacia el nido en la tarde clara, hacia la fraternidad, hacia el franco regazo.


Comparte este artículo