Exhumación poética de “Siete manifiestos DADÁ” (Tristan Tzara)

Gabinete de labios periféricos

 

Hace exactamente 35 años que este libro fundacional habita en mi gabinete. La colección donde se editó estaba dirigida por el gran Sergio Pitol y el traductor es el también mexicano Huberto Haltter, que se autodefine como “mexicano, heterosexual, encarnación de la desencarnación, síntoma de los tiempos y esquizofrénico-paranoico de la mejor cepa”. El breve volumen incluye también algunas ilustraciones de Francis Picabia.

No es aquí el lugar para glosar el Dadaísmo, pero su reacción-exaltación antiartística procede de las devastaciones inhumanas de la Primera Guerra Mundial. Por ello Dadá nace en 1916 en el Cabaret Voltaire de Zurich, de la mano de diversos artistas cobijados bajo el paraguas de la neutralidad helvética. El rumano Tristan Tzara (pseudónimo de Samuel Rosenstock) será uno de sus máximos artífices. Dadá se convertirá en el germen de los numerosos ismos que jalonarán el siglo XX, incluido el Pop Art.

Publicados en 1924, los siete manifiestos son provocación pura, aniquilación de los ideales de la modernidad, de la razón y de la lógica. Los siete manifiestos representan romper con lo establecido, vomitar sobre todo aquello que apesta a burgués. Dadá es cuestionarlo todo, es libertad individual, es azar, es estar en contra incluso del propio Dadaísmo.

Aventuro que exhumar un poema dadaísta de estos siete manifiestos no será difícil, pero valga este divertimento como homenaje a un grupo de artistas que señalaron un camino antes imposible, que abrieron una ventana enorme a nuevas propuestas y que representaron la auténtica antirrevolución revolucionaria. Esperemos que esa ventana nunca se acabe de cerrar, pese a los tiempos que vivimos, tan dados a lo mojigato y lo hipócrita, donde la mediocridad mental avanza ominosamente acelerada.

Para exhumar el poema utilizaré, como es obvio, el número siete. Siguiendo el orden de los siete manifiestos, elegiré de cada uno un verso de la séptima línea, luego retomaré la ronda de manifiestos para hacer lo mismo con la decimocuarta y, finalmente, con la vigésimo primera. Para seguir el juego, lo he titulado:

No es un manifiesto DADÁ

Cojines blancuzcos
la novedad:
hipertróficos pintores
que raspan un poco el cerebro
antes de mirarme
hacia mí mismo.

bastón = tal vez

Ahora en adelante queremos
cristalbluffmadona
ciegos en el escenario
abandonar las D
con su ombligo
nunca
jabonoso.
Realidades, sentimientos, restaurantes:
pulso de la suprema simplicidad
en el taller.

Caparazón y paraguas
todos los que miran
el asesinato
en este papel.


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