Exhumación poética de “Locus Solus” (Roussel)

Gabinete de labios periféricos

 

Conocí la obra de Raymond Roussel gracias a las referencias elogiosas que Salvador Dalí dejó escritas. Los surrealistas (y más tarde los miembros de Oulipo) reivindicaron a un escritor que utilizaba complejas restricciones formales para elaborar sus obras.

La biografía de Roussel es apasionante y su anecdotario profuso. Un ejemplo. Se hizo construir lo que ahora definiríamos como motorhome, con todas las comodidades de la época: 9 metros de largo por 2,5 de ancho, que incluían dependencias para el servicio ya que, como buen multimillonario, viajaba asistido por dos chóferes y un ayudante de cámara. De ello dio buena cuenta la Revue du Touring Club de France en 1926, con un reportaje de esta maison roulante ilustrado con numerosas fotografías. Baste decir que tan espectacular resultaba el vehículo que, en un alto en el camino, en Roma, fue visitado (no al alimón) por el Sumo Pontífice y Mussolini.

Junto a otras obras del autor (a destacar la extraordinaria y galardonada traducción al catalán de Nouvelles Impressions d’Afrique del poeta Jordi Vintró, que incluye un apartado de notas magistral), el ejemplar de Locus Solus de mi gabinete está traducido por Marcelo Cohen. En esta obra se relata la visita de un grupo de invitados a la finca del investigador Martial Canterel, ubicada en Montmorency, cerca de París. La vastísima propiedad, llamada precisamente Locus Solus, contiene los resultados de los trabajos y estudios del anfitrión en forma de objetos, maquinarias y dispositivos de gran originalidad onírica. Así, Locus Solus toma la forma de un inventario exhaustivo de prodigios y de sus historias, un viaje a un gabinete de curiosidades al aire libre que asombra al lector más audaz.

La presente exhumación data de 2013, año en el que se cumplían 53 del nacimiento del movimiento Oulipo, al que esta columna tanto debe. El resultado de la suma de esa cifra con 56 (la edad en la que Roussel, presuntamente, se quitó la vida con una nociva ingesta de barbitúricos) es 109.

Si de las 267 páginas que ocupa Locus Solus, sin contar prólogo y epílogos, restamos 109, obtenemos 167. La suma de los tres dígitos ofrece el 14.

Así, viajaré de 14 en 14 páginas a partir de la número 17 (donde se inicia la obra de Roussel) y de la línea 14 de cada una de ellas obtendré un verso. El poema tendrá así una extensión total de 20 y dice así:

 

Algún descubrimiento sensacional
un alma recta y bondadosa
una sombra imperceptible
un muro oscuro y rugoso.

Durante la lenta caída,
la proverbial fealdad del rostro
por la cual no le costó deslizarse,
todo su ser experimentaba siempre
sin excepción
una fila paralela al nuevo muro
de origen modesto y antaño
discípulo y admirador suyo.

Siempre de cara a los rayos azules
de la misma edad
(no sin los motivos correspondientes)
nos hizo escuchar varias veces la frase
“durante toda la extravagancia”
atónita por la
imposibilidad de buscar
una circunstancia fortuita.


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