Exhumación poética de “El peatón de París” (Léon-Paul Fargue)

Gabinete de labios periféricos

 

Parece que la calle bosteza de recuerdos.
Léon-Paul Fargue

 

Léon-Paul Fargue (1876-1947) publicó El peatón de París a los 63 años. No es un autor muy conocido aquí, pese a haber sido un poeta notable que vivió con intensidad la vida intelectual de París, tanto en el periodo de transición de los siglos XIX-XX como en el de entreguerras. Algunos datos: profesores suyos fueron Mallarmé y Bergson. Mantuvo amistad con Alfred Jarry, Valery Larbaud, Maurice Ravel, Erik Satie, Marcel Schwob y Paul Valéry (entre muchos otros). Y otro apunte más: en 1943 sufrió una hemiplejia mientras compartía mesa con su amigo Pablo Picasso en un bistró. Pese a la parálisis, seguiría escribiendo hasta su muerte.

Sumemos a su activa vida social y cultural una sensibilidad poética de gran calado y un estilo admirable. El resultado es El peatón de París que, Juan de Sagarra dixit, es el mejor libro que jamás se haya escrito sobre dicha ciudad. En este sentido, Javier Fernández de Castro comenta que es un libro extraordinario que requiere de la experiencia de toda una vida y de la escritura de un gigante.

La lectura nos sumerge en un conjunto de recuerdos de una urbe que ya no existía cuando el libro se publicó y que nos retrotrae a menudo al París que con gran maestría retrató Eugène Atget. Un ensayo formado por las crónicas de un paseante excepcional, perfecto flâneur, observador atento y minucioso, que va mucho más allá de un inventario de recuerdos. Porque Fargue pasea y divaga, nos lleva de la mano y no deja de sorprendernos, recuerda, se detiene en detalles y prodigios, en barrios, personajes, anécdotas, hoteles, palacios, cabarets, muelles, escaparates. Nada escapa a su mirada porque su voluntad es hacer un mapa de su querida ciudad hilvanando sentimientos y memoria.

No fue hasta 2014 que se publicó la edición castellana, y desde ese mismo año reposa feliz en mi gabinete. Cuenta con la traducción de Regina López Muñoz y un interesantísimo prólogo de Andrés Trapiello, quien sostiene que la obra que aquí exhumaremos poéticamente compendia en un solo volumen (y no muy extenso) las más de mil páginas de La comedia humana de Balzac y la también prolija En busca del tiempo perdido de Proust. Ahí es nada.

El título completo de la edición castellana es El peatón de París seguido de Según París. Este anexo (su título original: D’après Paris) se publicaría originalmente siete años antes que El peatón… Es sin duda su embrión, formalmente mucho más cercano a la poesía y que tomaré como criterio para poder exhumar el poema.

D’après Paris fue publicado por Gallimard en 1932. 1+9+3+2= 15, número de página en la que casualmente se inicia la primera de las crónicas, titulada “Por otras vías”. Así, sumando 15 sucesivamente, exhumaré de cada una de las páginas un verso hasta llegar a la 255, última posible de la serie antes de llegar al final de la obra.

Apuntalado por fantasmas
donde yacen mis recuerdos,
una balada triste
de todos los cafés:
sonrisa pintada en unos labios.

Ante las vitrinas de libros
silenciosos de París
-ostras febriles-,
de los matices en la voz,
de esas brujas deliciosas
similares al envoltorio de un ramo de flores,
dejaremos atrás el depósito de maletas olvidadas.

La broma de ser un jardín
la mano
las piernas.
Las primeras salpicaduras del espacio
sin dejar de mirar por el cristal.


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