Exhumación poética de “Doctor Pasavento” (Vila-Matas)

Gabinete de labios periféricos

 

Sólo hay dos cosas que puede inventar un escritor:
un mundo y una primera persona.

Alan Pauls

 

Al lector que alguna vez se haya paseado por esta sección no le sorprenderá que el autor que nos ocupa en esta exhumación sea Enrique Vila-Matas. Su obra publicada hasta el momento ocupa un lugar preeminente en mi gabinete, y su monolítica presencia irradia energía a otros volúmenes que reposan en mis estantes, a otros autores que he conocido gracias a este barcelonés que, como apunta la cita inicial, ha inventado un mundo y una primera persona que destacan en la Literatura contemporánea. Y para no demorarme en mi indisimulada admiración, sólo diré que es uno de esos autores que forman parte de lo que se es, de lo que soy.

Por las páginas de Doctor Pasavento, el paseante Robert Walser deambula con su elegante objetivo de no querer ser nadie, con “la ironía secreta de su estilo”, una ironía también vilamatiana, porque Vila-Matas siempre se ríe muy en serio y especialmente cuando escribe. Y escribe sobre la vida, el mundo y la literatura, sobre la búsqueda infructuosa y apasionante de todos los que nos habitan y comparten nuestro nombre. Habla de la desaparición y de renacer en cada nada. De escribir y dejar de hacerlo, de ser o abrazar la propia ausencia. Narra una aventura interior donde el alud referencial dota de pleno sentido la peripecia del protagonista (una “bella desdicha”). En este sentido, creo extraordinariamente clarificadores los títulos de las partes que componen la novela: I. La desaparición del sujeto, II. El que se da por desaparecido, III. El mito de la desaparición y IV. Escribir para ausentarse. Títulos que, en sí mismos, se me antojan la rítmica descripción de un largo plano-secuencia cinematográfico donde lo fundamental es sentir pasar el viento.

Zambullido en esa cadencia, quiero exhumar el poema que compongo con las palabras de Vila-Matas. Utilizaré las 25 marcas de color amarillo que señalan pasajes del libro. De la página de cada marca, en su orden numérico, elegiré un verso, tomando el título del poema de la primera marca hasta formar un poema de 24 versos. La imposición implica, como siempre, no poder retroceder en la decisión tomada en cada página.

 

Alrededor del manicomio

En la literatura misma
adoro el abismo
de bella infelicidad.

Huida del mundo,
crisis definitiva,
la vida no tiene trama
con sus puertas de hierro historiadas,
tenaces sombras del vacío.

Mi desaparición
de la mansión de las sombras
oculto de los poetas
de las tinieblas más ínfimas
merodeando la locura.

Es mucho
desconfiar de las palabras
de los otros
a escondidas.

Pero no te busca nadie
en la literatura
en la matanza
en un manicomio.

Hacia el fin de la noche
a no ser que tenga un secreto
seré yo ahora quien intente escribir.


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