Exhumación poética de “2666” (Bolaño)

Gabinete de labios periféricos

 

Todo se ha escrito. En algún lugar, todas las combinaciones posibles de letras y palabras han sido plasmadas. Borges lo apuntó en su abominable Libro de Arena o en la infinita Biblioteca de Babel. Posteriormente, los miembros del movimiento Oulipo jugaron a imponerse ciertas normas para forzar la aparición de obras literarias. Herencia de todo ello es el procedimiento que sigo para componer poemas propios sin escribir ninguna palabra por mí mismo. Hurto frases y palabras para hacer aparecer un poema que no existía, pero utilizando voces que otros han escrito. Pero mejor pasar a la acción para explicarme.

Elijo de la biblioteca de mi gabinete la monumental y póstuma 2666 de Roberto Bolaño. El título, lo explica Ignacio Echevarría en la nota a la primera edición, procede de la obra Amuleto. En ésta, Bolaño dice que la noche de la Avenida Guerrero del DF se parece a un cementerio. Pero un cementerio del año 2666. Si sumamos los dígitos, aparece el número 20, que será el origen del poema.

Cada verso surgirá de la línea 20 de la página 20 de cada una de las cinco partes que forman 2666 (1er verso: página 20, línea 20 de la primera parte. 2º verso: página 20, línea 20 de la segunda…). Así, el sexto verso corresponderá a línea 20 de la página 40 de la primera parte. Y así sucesivamente.

Mi labor consiste sólo en decidir qué parte del renglón utilizo para componer el poema. No puedo rectificar ni retroceder en la elección. Sólo me permito elegir la puntuación y eliminar alguna palabra cuando el poema esté finalizado. En este caso concreto, el final lo ha marcado el hallazgo del último verso, cuya potencia me ha llevado a Lowry y a esa otra gran novela mexicana escrita por un autor no mexicano.

Había sido él.
La siguiente y última
decidió volver a California.

No conocería jamás
(pero tampoco)
una zona
de la vida real.

Junto una bomba de gasolina
estaba buscando
un honor:
dejarse desvanecer.

Podía volver,
pero mexicano del DF,
hecho el viaje,
seguidor de Wagner,
ahora,
desaparecía tragado por el cráter.

 


Comparte este artículo