Equis igual a ti

Entre líneas

 

 

Una crucecita linda y misteriosa, esa eres tú, quizá una letra o tal vez un signo matemático, nadie sabe bien qué hay tras de ti. Me pregunto qué haríamos sin ese misterio que escondes y que tal vez ni tú sabes muy bien donde está.

Ya de pequeños nos sentíamos aterrorizados por no saber cuál era tu valor en aquella clase de álgebra que de tan seria nos hacía reír, y, ya ves, aquí estamos día tras día acercándonos a ti, intentando comprender qué hay detrás de estas dos líneas cruzadas por un centro que nadie sabe dónde está, ese enigma que va de la ilusión a la pasión, al mañana y quizá también al ayer.

Te miro, con esa carita de suma o ese rostro que multiplica, como un querubín extraviado de su carroza celestial, y sé que delante de ti no hay nada, solo un futuro blanco, tan blanco como esa venda enorme que nos tapa los ojos, esa venda que, por suerte, no nos deja ver más allá.

Y ese no ver nos permite imaginar mundos, como si la realidad aún no hubiera nacido, y pudiera brotar de un pensamiento travieso que va dibujando un paisaje en las paredes, en las esquinas o en la palma de la mano.

Toda la vida, cada momento, tras de ti, de ese misterio, de ese nunca saber, y tú siempre un paso más allá, siempre por delante guiándonos por esa oscuridad sin la cual vivir sería una cruz, porque a estas alturas ya todos sabemos que X nunca es igual a nada y quien nada nada se ahoga y quien nada y nada también.

 

Imagen de Lolita Lagarto


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