El peso de las palabras

Perplejos en la ciudad

 

Llegó a casa cargado de palabras. Pero no eran sus palabras. Ninguna de ellas era suya. No eran tampoco palabras de algún amigo o conocido que hubiera encontrado por la calle y le hubiese contado mil y una historias, hasta la extenuación. Llegó con todo el peso de las palabras, sí, pero con palabras que no eran sus palabras.

Era un peso enorme. Palabras oídas en el autobús, en el metro, escuchadas sin querer por calles y bares. Una carga insoportable de palabras que contaban anécdotas de fiestas, asuntos de trabajo, problemas de familia, suena un móvil, una discusión amorosa interminable, los detalles de un regalo que no gusta, una mala mirada. Otro móvil, otro, otro, otro, bum, bum, música máquina, ruido, el precio alto de un alquiler, un consejo inoportuno, falta de puntualidad, otro accidente, un fin de semana aburrido, el ascensor no funciona, repito, un domingo fabuloso, la traición de un amigo, el mal horario de las tiendas, prohibido el paso, ya se lo dije, cuando llegué ya estaba muerto. Una clienta que no paga, enfermedades, vacaciones en el mar, reservado el derecho de admisión, días en la montaña, deporte, subir en bicicleta, bajar patinando, ¿me separo o me divorcio?, un pederasta en la biblioteca, ¿ha leído La Náusea, de Sartre?, un escándalo grande el de ayer noche, todos gritando en la escalera, esto no es más que una calumnia. Las calles del barrio cada vez están más sucias, perros que aúllan toda la noche, ¿otro herido en la tienda?, un robo, una navaja, entonces pasó la ambulancia, la policía, no había nadie abajo, más arriba tampoco, salió de su casa silbando y ahora está herido, llueve, el móvil, ella dio un portazo y no volvió nunca más. Este perro es educado, orina en la alcantarilla, lo vi una vez en París, pues yo tengo un hijo gandul, cuando volvió no pudo entrar, el piso estaba ocupado por extraños, volvía del fumadero de marihuana, odio el inglés de los turistas, un día me voy a suicidar, su hija era demasiado coqueta y luego pasan estas cosas, mi marido tiene un ojo verde y otro azul, como un cantante, la extranjera del 6º 3ª no sabe hacerse ni una tortilla a la francesa, mi mujer y yo nos separamos por cuarta vez. El Barça ha ganado la Liga, hago natación, yo prefiero hacer footing, la del 2º 1ª anda con otro jugador de balonmano, no hay nada como un buen régimen de comidas y bebidas, entra y sale de la cárcel como si fuera su casa, no voy a votar nunca, el tabaco mata, cuidado que viene una moto, hace calor, es un idiota, hace más frío que ayer, no sabe nada, a mí qué, es una estúpida, no veo la televisión, me encanta verla, me gusta más el teatro, prefiero el cine, no quiero casarme, yo tampoco, adoro el cine, mira, unos novios, ella va de blanco y él de verde, qué raro de verde, ¿no?. Gotas de sangre en el suelo, peleas, bandas, la droga que nos invade, pobres jóvenes, unos diablos todos, pobres viejos, diablos decadentes, todos, que se vayan todos al infierno, los urinarios públicos son sucios y contagiosos, no me hable de política, el váter sucio del bar, he leído una novela muy buena, dicen que es buena pero no me gusta, no leo los periódicos, ecos de sociedad, estafas, crímenes, cuánta calumnia, estaba borracho cuando la mató, no me gusta nada la poesía, a mí tampoco. Llueve y sin paraguas, dicen que ha sido un atentado terrorista, ha nacido el hijo de mi hermana, no voy a misa, guerras, firman la paz y se dan la mano ensangrentada, no canto, no bailo, me gusta mirar lo que nadie mira, cada día compramos y gastamos más, no hay dulces sueños, pero cada día ganamos menos, dicen que es un ladrón, un ramo de flores para mi madre. Ha muerto el niño de la tienda, son las seis de la tarde, me voy a suicidar, otra cerveza, gracias, todo esto es inútil, ¿no?, me siento feliz, el culpable es él, a esta hora no hay taxis, ahora está más guapa, en mi familia todos sufrimos de insomnio, ojalá lloviera más, cierra las ventanas cuando hay una fiesta en la calle, será por los ruidos, pasa una bicicleta, truena fuerte, un relámpago terrible, vivir, morir, no quiero saber nada más, es todo tan absurdo, me voy a suicidar, calla, no digas esto, esta papelera huele muy mal, motores, otra vez ruido de motores, suenan las alarmas, algún día se sabrá todo, ya lo verá, sí, ahora deja de llover, apaga el móvil que empieza el espectáculo, ¿por qué tengo pesadillas?, gritos, ya te lo decía, ahora no llueve, se ha arrojado por una ventana, dicen que cerraba el balcón y las dos ventanas cuando había fiesta en la calle, un día me voy a suicidar, ahora llueve, cuando hable sabrán lo que es bueno, tenía la cabeza llena de flores, ¿alrededor de la cabeza?, no, por dentro, ¿cómo?, las flores le salían por la boca y por los ojos, tenía la cabeza llena de flores por dentro, el peso de las palabras, el peso de las flores, un día me voy a suicidar, lo digo en serio…

Llegó a casa cargado de palabras. Con todo el peso de las palabras. Pero ninguna era suya. Palabras que no eran de nadie.


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