El juego de la oca

Trampantojos

 

La ficha roja y el disco amarillo coinciden en la casilla de salida. El dado rueda primero para la ficha roja. Un cinco: de puente a puente y tiro porque me lleva la corriente… y ella se deja llevar: ¿Quién será ese chico tan rubio? El disco amarillo pronto sale en su persecución y, tras cuatro tiradas, cae en la posada: no es que le importe demasiado que se detenga el juego, él no está dispuesto a abandonar su cómoda vida de soltero. Pero la ficha roja se aleja cada vez más y el disco amarillo se apresura a tirar los dados. Como en un baile, siguen avanzando: Ahora yo voy delante, Ahora tú estás detrás, Ahora yo te rebaso… La ficha roja va en cabeza cuando se precipita en el pozo: oscuras dudas la invaden. Yo lo estoy dando todo, pero creo que él no está convencido, no sé si estoy haciendo bien. El disco amarillo la sobrepasa alegremente y ella resuelve que le acompañará, a pesar de todo. La carrera se sosiega; por un tiempo, sus posiciones son casi parejas y caen juntos en el laberinto: reflexión y toma de decisiones. Adelante, piensan los dos. Pero, en un golpe de mala suerte, el disco amarillo aterriza en la cárcel: sensación de ahogo, compromiso no deseado, depresión. Con desgana, vuelve a jugar cuando le llega su turno. Un uno: de dado a dado y tiro porque me ha tocado… y el disco amarillo retrocede medio tablero. Ella contiene la respiración… ¿Me abandonará? Pero él retoma la mano, saca otro uno y se encuentra con la primera oca: Mercedes. De oca a oca y tiro porque me toca. Siguiente oca, Patricia; siguiente oca, Luisa… La ficha roja avanza penosamente mientras el disco amarillo se acerca raudo, de oca a oca, de oca a oca… hasta caer, en el último tramo, en la casilla de la muerte. Oh, qué pena, empiezas otra vez, se ríe la ficha roja, mientras ella saca limpiamente un tres y acaba triunfante la partida.


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