Cuerpo

Moda al tuntún

 

El cuerpo filogenéticamente y ontogénicamente heredado, el cuerpo dado, no es el histórico, social y psicológicamente aceptado. Siempre, con intervenciones temporales o permanentes, se ha buscado modificarlo con más o menos fortuna. Basta con dar una ojeada a los distintos continentes y a los diferentes grupos étnicos, o a nuestras propias sociedades, para poder observar que el cuerpo es, de forma permanente, un campo de batalla.

La superficie del cuerpo ha sido y es pintada, tatuada, escarificada. Orejas, cejas, nariz, labios, lengua, pezones, ombligo, genitales son agujereados y ornamentados, y la llamada cirugía plástica, en su versión estética, se atreve a todo, en particular sobre el cuerpos de la mujeres con reformulaciones prácticamente globales, a través de la abdomino, beflaro, mamo, rino, oto, queilo, mento, vaginoplastia; “body lifting”, “peeling”, estiramientos, reducciones, eliminaciones o implantes, etc., en una lucha desigual con el proceso natural de envejecer.

El cuerpo único e intransferible se convierte, gracias a las modas (más o menos agresivas), en cuerpo tipo. La moda juega con la gramática limitada del cuerpo entre el desnudo integral y la ocultación total. Entre estos dos extremos, la moda política propone, muestra u oculta, banaliza, se aleja de la necesidad, fragiliza o blinda y se autocanibaliza en el vano esfuerzo de ralentizar e imponerse al tiempo. Año tras año, la moda, en un presente inexistente, se afirma sin rubor como simple, natural, cómoda, confortable, útil y práctica. Alegremente obsolescente, la moda, gran hermana de la muerte, interviene sobre las fachadas que siguen envejeciendo.

Afirma G. Agamben1: “Lo que define a la moda es que introduce en el tiempo una discontinuidad, que lo divide según su actualidad o inactualidad, su estar y su-no-estar-más-a-la moda.” Aunque si “tratamos de objetivarla y fijarla en el tiempo cronológico, ésta se revela inasible. Sobre todo el «ahora» de la moda (…) no es identificable a través de ningún cronómetro.” Así pues, olvidemos toda preocupación sobre la moda y abandonémonos al tuntún.

 


1 Giorgio Agamben, Desnudez (2011).

 


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