Clasificación de los géneros literarios

Lengua de lagartija

 

Los estudiosos de la Literatura Universal suelen distinguir entre géneros. Son taxónomos. Los taxónomos se ocupan de clasificar especies, tipos y subtipos. Benditos sean, pues cuando un objeto escapa de la ambigüedad para quedar formalmente definido, clasificado, etiquetado y encasillado, la gente se tranquiliza un montón.

En zoología, por ejemplo, los taxónomos se especializan en definir al máximo las características de cualquier bicho. Digamos el ratón. Los taxónomos, o taxonomistas, le han puesto un nombre científico: Mus muscules; le han conferido un tipo: cordados; un subtipo: craneados o vertebrados; una clase: mamíferos; una subclase: terios; una infraclase: euterios; un orden: roedores; una familia: múridos, y, finalmente, un género: mus.

En literatura los taxónomos empiezan por el final: géneros. También hay sub-géneros, e incluso sub-sub-géneros. Todo esto con diversas nomenclaturas, así que tenemos el género poético, dentro del que caben desde la poesía épica a la dadaísta. Por otro lado, además del ensayo (con sus diversos sub-géneros) tenemos el titulado «narrativa», y dentro de éste el formato que damos en llamar «cuento» y el de «novela». Además está el tema de las longitudes, puesto que al parecer en literatura el tamaño sí importa. Entonces vienen la novela corta y la novela larga; el cuento corto y el cuento largo. Este asunto tampoco es baladí: mi experiencia es que me rebotaron una novela en un concurso literario porque dijeron que la tenía corta, apenas ciento cuarenta páginas. Un escritor rival se regocijó del hecho y vino a decirme que su novela era más larga que la mía, a pesar de que tampoco salió premiado.

Por otro lado, el género de narrativa encierra dentro de sí géneros circunscritos: el género de la novela negra, por ejemplo, o la novela romántica, la gótica, la de realismo social, la novela de tesis, la policíaca, y así siguiendo. De ahí que tengamos la narrativa erótica, la psicológica, la del absurdo y demás, que si es por poner etiquetas que no quede.

En los últimos tiempos ha aparecido la literatura de mujeres, la cual se sirve con el reclamo de que la que antes había era toda de hombres. Las defensoras de la literatura femenina pretenden que existe una forma de escribir propia de las mujeres y otra de los hombres. Para acotar más el campo, nace la literatura gay. ¿Cómo podríamos, por ejemplo, clasificar una novela que trate de policías y asesinos, mechada con reflexiones sociológicas, escrita a pluma con la mano izquierda por un señor transexual nacido en el seno de una tribu de pigmeos del Kalahari y educado en Oxford? Muy fácil, deberíamos clasificarla bajo el rótulo de novela negra y sociológica para transexuales zurdos y pigmeas con exquisita educación anglo-sajona. El campo de los lectores, naturalmente, se verá algo reducido, pero nadie podrá negarle a dicho producto la consideración de obra de culto para muy pero que muy pocos. Ya se sabe que lo importante es clasificar.


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