Cementerio de palabras

Entre líneas

 

Paseas al caer el día y el día cae como caen las hojas y como cae el otoño, un otoño extraño, te dices.

Bajo tus pies, un tapiz de ocres cubre la tierra, lo pisoteas y al escuchar su crujido descubres algunas palabras muertas amalgamadas con las hojas. Sospechas que quizá se hayan fugado de ese cementerio vecino donde sabes que entierran palabras.

No logras concebir cómo han podido morir las palabras si nunca ha corrido sangre por sus venas, si no gozan de un corazón que algún día pueda dejar de latir.

Con estupor contemplas en tus manos las palabras muertas que has recogido y quisieras saber cómo murieron, en qué instante dejamos de creer en ellas y cuál fue la causa que las aniquiló hasta privarlas de sentido.

Siempre habías imaginado las palabras como si fueran sueños, tal vez porque nunca las has podido palpar, pero las comprendes. Te parecen tan etéreas y a la vez tan reales que, de tanto soñarlas, han perdido el sentido y ha quedado vacía la mano que en el aire las mecía.

Por fortuna esta tarde, mientras paseábamos, hemos podido advertir cómo algunas han logrado huir de su lápida, se han sublevado, todavía sobreviven y albergan esperanzas. Tal vez ellas sepan cómo seducirnos, cómo atraernos para volver a lidiar por ellas y restituir su valor, a fin de poder seguir soñando, ¡y que nadie baile jamás sobre su tumba!

 

Pintura de Modest Urgell


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