Cuestión de bigotes

Un salacot en mi sopa

Hablar de bigotes en el cine es, por fuerza, hablar de Groucho Marx. Groucho fue el hombre pegado, no a una nariz, como en el soneto de Quevedo, sino a un puro, a unas gafas y a un bigote.


El ojo y el cine

Un salacot en mi sopa

Aronofsky cristaliza en esas miradas inertes la patología de una sociedad en constante movimiento circular, que, pese a lo frenético de su actividad, no va a ninguna parte.