Velas

Rincones oxidados

Mientras amanecía de mentira, se sentía culpable y dejaba desembocar, sin pudor, los riachuelos sucios de lágrimas entre las manos.


Aguacero

Rincones oxidados

No pudo evitar que la orina tibia se le derramara a chorro por los muslos, escociéndole en los cortes, encharcando el suelo y repicándole en los tobillos amoratados.


Sonrisas

Rincones oxidados

¡Dios mío de mi vida, qué resolutivo! Tanta decisión en un hombre me embriaga. Con solo imaginar esa cantidad de músculo —del que bien quisiera rendir cuentas—rebotando contra la puerta, me estremezco.


Objetivo

Rincones oxidados

Acercarse a la vieja obviando el olor a amoniaco que desprendían sus arrugas; tomar, entre las suyas, la mano temblorosa de uñas abandonadas, y decirle: ¿me deja, bonita, que le haga una foto?