Lamento en verso

Cartas al director

 

Querido director: anda el cuerpo un poco alterado y se le ha ocurrido alzar la voz quejándose a su manera. Ahí va su lamento:

 

El cuerpo es dúctil y maleable

y pese a todos los vaivenes de una vida azarosa

aún conserva la memoria de las caricias,

de los besos.

 

Su existencia es dulce y sin sobresaltos,

pero debe sustraerse de la realidad

para no caer en la tristeza de saberse descuidado

de los misterios de la pasión.

 

Y es en esos momentos de incertidumbre

que la piel clama un poco de atención.

Es entonces cuando hace inventario

y siempre choca con su aliento enfebrecido.

 

Suele bastarle con una mirada a aquel camastro

envolvente de cuerpos sangrantes,

de cenizas humilladas,

para olvidar el fracaso.

 

Pero hay noches en que el alma desatada

parte en un viaje desesperado

en pos del rastro del hombre encendido.

Y al amanecer el alma encuentra al cuerpo

-extenuado- rezumante de líquidos amargos.

 

Pasarán cien años

de crímenes encamados

pero los ojos

sólo verán hilos de sangre

dulces y caramelizados.

 

Buscando otros cuerpos,

dedos,

alientos.

Pero ninguno acertando

en el anhelo.

 

El tiempo libera al cuerpo

y puede ver a través del espejo.

Y el alma se consuela con estas palabras

y cede el ansia y el deseo.

 

Cristina Bonhomme

 


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