Amigos en conserva

Leído por ahí

 

En uno de sus poemas surrealistas, Luis Buñuel se pregunta por la cantidad de maristas que caben en una pasarela. ¿Cuatro, mil, cincuenta mil? Una pregunta que se podría contestar conociendo la longitud de la pasarela y la envergadura de cada marista. Cierto. Pero, ¿qué pasa con los amigos? ¿Cuántos amigos caben en una vida? ¿Cuántos son suficientes y cuántos demasiados? La respuesta depende de muchas cosas. Para empezar, admitamos que la amistad es un bien rarísimo y muy valioso. Menandro, el comediógrafo griego, dejó escrito que “un hombre puede considerarse dichoso si puede estar seguro de que cuenta con la sombra de una amistad”. Con la sombra. ¡Ahí es nada! Quizá deberíamos recomendar la conservación de los amigos, si alguna vez conseguimos alguno.

Sobre la cantidad de amigos a conservar, responderemos que depende de lo que estemos dispuestos a compartir. Si la amistad se edifica sobre el afecto, la amabilidad y la virtud -escribió Plutarco 1-, en nuestra vida cabrán tantos amigos como afectos, amabilidad y trato virtuoso podamos regalar. ¿Se trata de un regalo o de una inversión? Según Aristóteles, la amistad debe ser recíproca. El amigo debe querer el bien para el amigo y viceversa, de manera que la amistad beneficie a ambos. Además, los amigos verdaderos deben estar al tanto de su mutua dedicación. ¿Quién llamaría amigo a aquel cuya disposición recíproca desconoce?

Sigo leyendo en Plutarco que “la amistad es un animal que solo prospera si pace al lado de otro de la misma raza y condición. No es un lobo solitario”, aunque “tampoco es un rebaño de ovejas o una bandada de grajos”. De manera que encontraremos amistad en compañía del próximo y no en el tumulto del rebaño. Aquello que buscaba Roberto Carlos con su millón de amigos es un imposible 2. Roberto Carlos quería un millón de amigos para con ellos poder cantar, aunque lo más seguro es que, más que amigos, buscaba clientes. En fin, puro negocio.

Moraleja

Considerando lo anterior, trate de guiarse en lo sucesivo por las normas siguientes:

—Supongamos que usted acapara amigos como ese atolondrado que en primavera arranca florecillas silvestres para confeccionar innumerables ramos, “con el alma rebosante de alegría, insaciable como un necio” 3.  Allá usted. Persiguiendo novedades, solo logrará amistades superficiales y en el fondo insatisfactorias.

—Supongamos que le gustaría disponer de un grupo numeroso de amigos. ¿Cuántos, exactamente? O dispone de muchos recursos (es usted un dechado de virtudes, afectos y amabilidad) o la dedicación a tantísimos amigos acabará por dejarle seco, como esos ríos que van derramándose en canales y pequeños afluentes hasta perder su fuerza.

—Entonces ¿qué? ¿Nos quedamos con un único amigo? En opinión de Plutarco, la mejor amistad es la que llega con nosotros hasta la vejez, la que nos acompaña durante toda la vida y con la que hemos compartido multiutud de experiencias. Conservar dos o tres amigos con estas características quizá sería lo ideal, aunque, según el moralista griego, siempre preferiremos a uno de ellos, al que amaremos “como si fuese el último hijo que podemos engendrar, el hijo del que disfrutamos en la vejez”.

—Contemos, pues, con ese amigo entrañable de toda la vida, pero conservemos algún otro, no nos vayamos a quedar sin nadie en alguna curva traicionera del destino.

1Plutarco: De amicorum multitudine. Obras morales y de costumbres, vol. 1 (Gredos,1992).

2Roberto Carlos: Un millón de amigos (CBS, 1976).

3 Eurípides: Hipsípila. (Diálogo, 2013).


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