Pasos

Escalofríos

 

Me he quedado quieto. Permanezco en pie junto a la pared de este viejo edificio de esta sucia calle. No me atrevo a moverme. Me da miedo. Y, realmente, no sé por qué.

Seguro que quien me mire pensará que me pasa algo, pues mi expresión debe de ser bastante extraña… si es que hubiera alguien para poder mirarme.

Desde hace un buen rato no pasa nadie por esta calle. Ni coches por la calzada, ni personas caminando por la acera.

Me cuesta mucho explicar por qué tengo este temor a seguir caminando. En realidad, se trata de algo que ha ido aposentándose en mi ánimo a lo largo del día hasta alterarlo de una manera que no conocía, inyectándome una sensación de miedo a no sé qué cosa, pero que me impide andar.

Esta mañana, muy temprano, salí de casa y me puse a caminar sin rumbo definido, solo por el placer de pasear por esta ciudad tan conocida y siempre tan cambiante en la que vivo. Caminaba, al principio, despacio, degustando cada paso y ese deambular en el frescor del amanecer. Poca gente se movía por las calles, quizás por lo temprano de la hora, pero estaba convencido de que no sería mucho el tiempo transcurrido hasta que la ciudad se viera envuelta en la vorágine habitual del ir y venir de las gentes que en ella habitan. Así ha sido; a medida que he ido apretando el paso y agilizando mis movimientos, más gente ha ido apareciendo a mi alrededor, coches por la vía y caminantes por la acera, como cualquier mañana laboral en una gran ciudad al llegar a la hora punta.

Pero como mi intención era pasear, al aumentar el número de personas he acelerado mi caminar para tratar de salir de ese atasco humano y dirigirme a alguna conocida calle transversal más pequeña y menos concurrida. Pero más y más gente ha obstaculizado mi empeño. Mi sensación ha sido la de que eran demasiados, incluso para esta ciudad siempre llena de gente que van a algún lado.

Me he agobiado tanto que me he pegado a la pared para dejar que pasase esa barahúnda de personas frente a mí mientras trataba de relajarme. Curiosamente y justo en ese momento, han ido desapareciendo todos, ha ido rebajándose de manera muy rápida el número de gente circulando. Claro que así es la ciudad: en un momento se llena y en el instante siguiente parece vaciarse por completo. Es el flujo que le da vida.

Incluso han dejado de pasar coches, algo que no ha dejado de sorprenderme por el vacío y el silencio producido, pero que me ha aliviado de inmediato.

Mucho más tranquilo, he vuelto a moverme caminando en dirección de esa calle más sosegada por si esta volviera a llenarse como antes. Sin ser muy consciente de cómo ha ocurrido, al dar esos primeros pasos, varias personas han surgido como de la nada, sin darme cuenta de por dónde han salido, y se han puesto a caminar en todas direcciones. Al ver que la calle iba a volver a llenarse, he aumentado mi ritmo. Pero otras personas han venido a sumarse a las anteriores y parece que todas tuvieran la intención de obstaculizarme. Cada vez más y más gente. Y más y más coches por la calzada. Y, curiosamente, todos parecemos confluir a la vez en los lugares más estrechos, allí donde la acera se hace más pequeña o donde aparece como por arte de magia algún molesto mueble urbano que empequeñece aún más el espacio para pasar. Cuanto más trato de moverme más parece moverse el resto de personas que deambulan a mi alrededor. Hasta el extremo de que, si pretendo evitar el obstáculo saliendo de la acera a la calzada, un coche aparece con la intención de aparcar, o está saliendo de la plaza donde está aparcado, o una moto de reparto se cuela por los huecos para avanzar en el atasco impidiéndome caminar por ahí.

¡No salgo de mi estupor! Me encuentro paralizado anímicamente y me estoy poniendo cada vez más nervioso tratando de salir de este embrollo de personas y de coches. ¡Como si no hubiera otro sitio en la ciudad! Hoy, esta ciudad, grande en extensión, parece suscitar toda la atención de la gente en el lugar por el que me estoy moviendo. ¿Será una broma de esas de cámara oculta para alguna cadena de televisión? Siento como si se estuviera desarrollando una gran confabulación para impedirme caminar. Pero no parece que sea nada de eso. Miro a un lado y a otro y todo parece normal, todo parece que se mueve de forma natural, cotidiana, como ocurre cualquier día laboral en esta ciudad. Aunque me dé la sensación de que todo discurre en la dirección por la que yo me muevo. Sin embargo, nadie me mira. Solo parezco un transeúnte más entre todos los que me rodean mientras camino.

Lo curioso es que cada vez que me paro parece que la gente y los coches se fueran por un desagüe, la calle se vacía, todos desaparecen por las calles laterales como por ensalmo, los coches se detienen en los semáforos y al arrancar de nuevo van vaciando la vía sin que otros vengan a ocupar su lugar. Aún sigo pensando que todo discurre de forma natural, que nada parece forzado y creo que solo soy yo quien se está dando cuenta de este extraño suceso, de este peculiar latir urbano que parece activarse con mi propio movimiento.

Ahora estoy parado, pegado a esta pared repintajeada de esta sucia calle de la ciudad. Sigo quieto. No sé si seré capaz de regresar a mi casa, que es lo que más deseo en este momento. Ya estoy agotado y son muchas las horas que llevo tratando de caminar infructuosamente. No me atrevo a moverme. Me da miedo que regrese el tumulto en cuanto empiece a andar impidiéndome el paso de nuevo.

Creo que voy a esperar hasta que anochezca aunque me encuentre cansado y hambriento. Pero lo lógico es pensar que las calles se irán vaciando a medida de que la gente regrese a sus hogares y las tiendas vayan cerrando. No sé si tiene mucho sentido porque ahora la calle está prácticamente vacía. Cada vez que me detengo, acobardado y angustiado, la ciudad parece detenerse conmigo. Pero, cuando decido caminar de nuevo para volver a mi deseada casa, aparecen personas por todos los lados y coches por cada cruce abarrotando otra vez los caminos e impidiéndome continuar.

Perece como si yo activara el movimiento de la ciudad. Pero, ¿por qué yo? ¿Quién soy yo? ¿Qué puedo tener para provocar esto?

Creo que no voy a moverme nunca más.


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